Quimérica rapidez
Una suerte de marasmo, una amniótica languidez, una suerte de mala suerte que me ha caído en suerte: eso es. Porque el instrumento de medir y lo medido no casan, por eso, ¡sí!; en efecto, por eso. Yo quiero el tiempo del reloj y la muerte de la guadaña (no para mí, sino para los demás y solidariamente –y no acepto dádivas irónicas-). Y aunque no sepa lo que quiero me adapto a la ira melancólica de los últimos acontecimientos (“últimos” porque vienen acaeciendo desde los últimos cuarenta y dos años de prisión). Y en esas estamos sin estar más que por la necesidad que obliga con indiferencia. ¡El purulento aburrimiento sin ocio! Todo sincopado, todo medido, a ritmo de feria y pim pam pum; dardo a dardo contra el pandero de la Luna. He visto llover a mares sobre las libélulas y se han reído de mí y me han culpado. ¡Soy culpabilidad con guindillas a lo Baphomet! De tanto ser se apesta a ignorancia.

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