Dime, ángel, ¿cuál es el mayor castigo que se le puede dar a unos padres de quienes no has pedido nacer por culpa de un instantáneo acto de placer o por seguir la moda de una dictadura que creía en la familia? Imagino que no dejar descendencia, imagino que no confundir un choque de carnes con el amor, imagino que castrar todo pensamiento - palabra - obra y omisión que conlleve dar fruto; imagino que ser rama seca y podrida de un árbol lánguido y moribundo, imagino que morir así como uno muere: indiferente al movimiento y al reposo, perfectamente redondo como una bola de sebo, huidizo y frágil como un verrugoso sapo asqueroso; imagino que tragar lo que la boca orina y mascar las heces que el vientre ya no puede digerir, imagino que reptar sobre una nauseabunda y gaseosa barriga a la que apuntan los ajenos alfileres de la culpabilidad, imagino que imaginar.
Dime, ángel: ¿será una pacífica noche de paz la que me permita volar sobre mi mierda?

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