Es la bella llama de una vela roja en la noche. Es la dirección sin sentido ni cordura de cualquier momento de despecho hasta cobrar el precio de una apuesta sin valor. Es el inicio de un perfil sinuoso y lleno de veneno lento que no duele. Es la bella luz. Ella ilumina diáfana la muerte.
Es la bella llama de la bella luz que no deja de pensar. Y cuando llegue el jueves marcado lucirá por la muerte de quien mintió como Señor y murió como olvido. Todo rodará, pero se habrá previsto. ¿Por qué no te despides de tus hijos? Van a viajar... pero tú no. Se van a un lugar sin lugar... y tú no. Donde ellos van no irás... tú no, tú no. Les vas a doler con esa ausencia que una llama ilumina con espíritu de muerto.
Lento como un llanto baladí que se traga la tierra del llanto. ¡Muriendo! ¿No escuchas la sábana rozando sobre dos almas? Y no arden las sábanas ni las almas, sino quien se siente despreciado y, por ello, amado... ¡eternamente amado! Como nunca lo fue el encaramado en lo alto de su indiferente desdicha. ¿Le queréis llamar cristiano? ¿Lo queréis llamar cristiano?
Escucho círculos.

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