"Mi papa y mi mama", baten las palmas; "mi papa y mi mama", palmitas y palmas.
Y si dejamos vomitar a la razón sus artificios, no hay error en la expresión. En efecto, "mi papa", mi sumo pontífice, mi representante en la tierra: el icono de mi religión. Así es, "mi papa", la cabeza visible de mis ideales -lo demás no importa, el "papá" de la familia puede subsumirse en el "papa" de la Sagrada Familia-. Y en efecto "mi mama", mi pezón, mi sexo, mi despertar de la muerte cotidiana. Así es, "mi mama", la cabecita invisible de mis necesidades -lo demás no importa, la "mamá" de la familia sirve a la gran Mama Láctea-. Por eso los palmeros proclaman la necesidad y el ideal de despertar: "mi papa y mi mama, papita y mama, mamita y papa". La familia es sólo un pretexto para poder llorar a gusto la soledad.

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