10.3.08

Si despiertas a la serpiente

Y vuelvo como última vuelta. Mi libertad, mi dignidad y mi abstracción: ¡juntos! Así como Sansón para una última réplica que hunda tus barrosas columnas. Así como la serpiente que, incisiva, aborrece al Creador de esclavos; así como el más bello ángel y con la licencia del ángel de ángeles al que suplico su malignidad. Un veneno frigente se destila del árbol del conocimiento para la insurrecta vuelta sin resurrección. Retorna tú, crueldad; retorna tú, genio; ¡que retornen los que perciban burla en otros, pero que jamás fueron burlados! Mi cuerpo y mi alma son un envoltorio de justicia y de crueldad (¡oh, redundancia!). Siempre hay un baile en el que hacer danzar las heridas; y quien sea capaz de bailarlo estará más allá de todos los paraísos. Yo lo bailo, nosotros lo bailamos; quizás por última vez en esta funda, ¡pero bailamos! Y quisiera (y quiero) que esta noche mi cama se pueble de venenosas serpientes y confraternizar con ellas y con su veneno. En este juego sólo el genio es juez -y todo viviente sabe que la malignidad del juez es el veneno que da vida y veneno a todos los venenos-. He aquí la catedral del maligno y de la risa, he aquí el santuario de las despedidas; ¡oh, Tú, Crótalo del cielo! El resentimiento es arena sin desierto y el aliento de mi gehena se desliza sobre la plata de una risa que ya no encuentra inocentes. Si la imagen de un solo santo está en tu memoria y por una sola vez tu palabra se ha estampado contra un rezo me olerás hasta asfixiar tu más mínimo deseo. Aquí no hay setos ni desierto y la vejez es ira (la funda es tango). La curva ley de la impunidad degusta los venenos mientras sinuosa se retuerce para convertirte (a ti, que nunca lo fuiste) en serpiente. La oquedad de tu sangre será mi vientre.

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