Lo que vamos dejando... Lo que no queda
La caída y sentir que caes: abajo. Los hijos niegan el problema; pero es la falta de fuerzas del abuelo la que tiene la respuesta: vamos de cero a cero y el empate no es posible.
Por favor, viejo, piensa en este lugar. Déjate caer para que pueda caer en paz -los caídos no descansan-.
La reina de las hadas también regaba de sangre las plantas en sus días malos.
Gatitos y ocaso, silencio y calma. Creo que la única imagen de serenidad la vi hace unos meses en un pueblecito donde todos éramos iguales. La paz es eso: enterrar las diferencias y las semejanzas para ser tierra y barro... ¡Santo sea el barro!
¡Bien! El mercado sigue mercadeando, los niños juegan y algunos siguen viajando para encontrar pretextos bajo los que poder escribir. Yo soy mucho más sencillo: me bastó un abuelo y una lengua larga. Se acerca el martes con su 13 bajo el brazo y los supersticiosos le ofrecen caramelos a la muerte. Y tú, ¿dónde estás, atalaya? Yo aquí, sin un gua donde caer. ¡Caer! La caída... sentir que caes... ¡Abajo!

1 comentarios:
Todos somos iguales cubiertos de barro.
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