Mi derrota
Para intérpretes divinos y contundentes de vacío
El diario de un menú no es un menú diario. Seguramente esto no lo entienden muchos. Y aquí... la locura.
¿Por qué no escribir? O, ¿por qué escribir para quienes pasan de escuchar? Aquí hay un vaticinio. Y aquí... la locura.
Llueven nubes en medio de la cabeza y me sobran y faltan palabras.
Una mujer y un delirio de muchos: ser uno.
Lo que se rompe no se reconstruye.
El vino en la copa y la muerte en la almohada.
El viento:
Ya me voy. No supongo, no creo, no espero. El corazón se va a romper y ya estaba roto.
Ellos prefieren el hogar... y hay un hogar distinto. Pero en este hogar no hay dios que bendiga cada rincón. Es otro juego más allá de otros. (¿Tú lo entiendes, conciencia?... Estoy hablando a los muertos).
No sé, no sé... no sé. Estoy a un lado, marginal y rodeado de todos. (Cuando no te importa lo que no te importa carece de nombre lo que no te importa).
¿Darías tu vida por un bolígrafo? ¿Y por una oficina? Dejemos la vida a un lado y hagamos lo que todos los días hacemos, es decir, dejar la vida a un lado y dejar la vida.
Algún día publicarás mi diario mientras te masturbas. Pero, como te dije al principio, el diario de un menú no es un menú diario.

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