14.8.08

Lo que no me pertenece

El último escalón mientras miro al suelo.

Quedarse sin respiración, saber de ese quedarse, ir desalentando y desalentado; ir muriendo en cada risa y deviniendo sin devenir: ¡cuánta saliva seca! Incapaz de una decisión, porque tan lícito es matar como curar, hablar como callar, confesar como delinquir: arte de jueces partidos. Yo sordo, vertiginoso y en giros, plúmbeo como grasa verbal para remansos, pero yo y sólo yo. Confesar ante uno mismo que en un instante vence la conciencia del vencimiento: eso es morir dolorosamente. Un pasillo, el mismo u otro, el pasillo indeterminado y sin señales que señalicen, el corredor para paseantes mutilados; el camino sobre el vacío, la perpetua indeterminación, el vaivén sin socorro, la victoria ajena; el espejo, la pizarra, la pantalla, la palangana; el Cuerpo de Dios: todo lo que no me pertenece. Se rebaña al rival, se baila con aliento prestado, se vende un payaso a cuerpo de rey, se castra a crédito, se regala la vida nominal de un plumazo. En suma, se permite restar y caer lanzado desde el cielo. Las oportunidades jamás vividas siempre estuvieron ahí para los que supieron ver. Si hay envidia, es la de haber visto y pretender estar ciego. La juventud todo lo puede, porque no es más que veneno para matar la vida de los que viven la muerte. El miedo gana y yo no quiero volver a morir.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio

Free counter and web stats