De nuevo el mundo, de nuevo la sed. El cáliz blanco, la boca de la serpiente, el beso de Judas, la palabra de Dios. De nuevo otra vez. El mismo acorde, la vieja tumba, la misma fe. Ni dormiste, ni despiertas. Lo que cambia es permanente como la mentira que carece de su verdad. El vodka de Cristo y el cognac de Alá: un solo espíritu sólo otra vez. El viejo blanco, la antigua madre, la ceniza de siempre y los días viejos como viejos.
"Ámame o déjame", el testigo que pasa de maternidad en maternidad. Cuando seas madre sabrás del engaño. Los hijos conocen el engaño en cuanto se hacen filósofos (pero también es entonces cuando conocen la libertad y mueren a la vida).
Las alas de un ángel no tienen plumas, sólo flores. Y yo no estoy para ángeles ni demonios. Todo es bursátil como el coño de los marsupiales. Y para coño el de la gran madre tierra, minúscula como ella misma. ¡Es hermoso perder y estar más allá! Se te concede ipso facto el don de ser un marginal. Ser marginal es un don. Quien ve esto como un fracaso está en la pomada y acaba lubricando un culo. Hay que saber conciliar contradicciones. Por ejemplo, conciliar El niño del pijama de rayas con La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona. Eso es ser musulmanamente cristiano y cristianamente islamista. Es tanto como ser un dios o un culo. Lo sagrado es hacerse respetar. Y se muere de absurdo.
Es muy fácil: "nadie" es sinónimo de "nada". El sujeto murió hace mucho en el objeto y no por ello algo es mejor o peor. Los redentores quitan las comillas y confirman que nadie es sinónimo de nada. He ahí el engaño de toda ideología y la podredumbre de toda religión. La cima es mierda, pero sin la fertilidad de esta última.
Sólo otra vez solo otra vez.