La Selva de Próspero

Sapere aude!

30.11.08

Domingo 30 de Noviembre de 2008

Los que esperan, ahí están. Se les va cumpliendo todo. La sucia fuente que derrocha los días ya no da lágrimas. El cielo que veo se apaga. El que tenga más dinero pagará más plazos y el que cobre más vidas vivirá más deudas. ¡Ay, siempre me pierdo! Escribo un par de palabras y luego me doy cuenta de que no, de que no era eso. Me doy cuenta después de que yo quería hablar de los desprecios y del tiempo perdido por los míos. Pero me doy cuenta de ello para volver a darme cuenta de que derivo. Y se mezcla todo: la apariencia de la envidia y la envidia de la apariencia, el tedio indiferente, lo que fluye. Mil verbos para la canalla. Mi almohada está llena de lectores invisibles, de voces dormidas, de mujeres que no fueron, de soberbia impune. Y cuanto más escribo más me pongo de los nervios. Y si no escribo, desearía acabar con el mundo a tiros -pero no sé disparar-. Los recursos se acaban. Las copas, los vasos, los pastilleros, la piel: antes todo se vendía más caro hasta que dejó de venderse. Por ejemplo, nuestros padres se vendieron. Y ya no hay nada.

29.11.08

Hace frío. John Williams toca la Tocata mientras hiela. Las gárgolas del cerebro dejan dormir a los muertos. El primer verso no coincide. Hace más frío. La rabia huele a orín. En cada televisor habita un cáncer. Las iglesias arden... ¡Y todo no es más que un gran ángel en el cielo! La Providencia nos hace a todos la cama para que podamos dormir. Y pagamos el salario de la Providencia con el olvido. Pero hay maripositas que hacen gustoso el olvido, que vuelan danzas de candil y silban luminarias y absorben nieblas para el hacedor. Pero todo hacedor, imaginario incluso, es vendaval para sus providencias. Y todo vendaval usa los travesaños de la memoria para llegar hasta el fondo de la misma herida. Porque la herida siempre es la misma. La herida es una cizaña, la herida es una ponzoña, la herida es una hazaña de hechos sin renombre. La herida es una gárgola que orina sangre la última noche. Todas las madres se convierten en gárgolas a los pies de la abuela. Y hay ojos en las alas que cubren nuestra indiferencia, pero es baldío intuirlos. Alas de piedra, bocas de piedra, fuentes de piedra; roca en la mirada, roca en la garganta, roca en la ronca piedra: gárgolas. Y nada es tan fuerte como el hilo de su voz.

Hace frío. John Williams toca la Tocata mientras hiela. Las gárgolas del cerebro dejan dormir a los muertos. El primer verso no coincide. Hace más frío. La rabia huele a orín. En cada televisor habita un cáncer. Las iglesias arden... ¡Y todo no es más que un gran ángel en el cielo! La Providencia nos hace a todos la cama para que podamos dormir. Y pagamos el salario de la Providencia con el olvido. Pero hay maripositas que hacen gustoso el olvido, que vuelan danzas de candil y silban luminarias y absorben nieblas para el hacedor. Pero todo hacedor, imaginario incluso, es vendaval para sus providencias. Y todo vendaval usa los travesaños de la memoria para llegar hasta el fondo de la misma herida. Porque la herida siempre es la misma. La herida es una cizaña, la herida es una ponzoña, la herida es una hazaña de hechos sin renombre. La herida es una gárgola que orina sangre la última noche. Todas las madres se convierten en gárgolas a los pies de la abuela. Y hay ojos en las alas que cubren nuestra indiferencia, pero es baldío intuirlos. Alas de piedra, bocas de piedra, fuentes de piedra; roca en la mirada, roca en la garganta, roca en la ronca piedra: gárgolas. Y nada es tan fuerte como el hilo de su voz.

27.11.08

Cené un kilo de guisantes y al ir al servicio y ver mis heces comprobé que yo era Hulk. Pero esto no es increíble.

Cené un kilo de guisantes y al ir al servicio y ver mis heces comprobé que yo era Hulk. Pero esto no es increíble.

Esta noche es una noche menos. Y a pesar de ser una noche menos, no me quita una esperanza más. Eso de "la última noche", "el último deseo", "el último paisaje"... ¡En fin! Eso en esta selva huele a chamusquina, a resentimiento por no haber bailado mucho la danza de la vida: son quejas demasiado burguesas. La vida para algunos es como Monica Bellucci en Irreversible cuando atraviesa el paso subterráneo: corre el riesgo de que un marcado por la medianoche la viole y le patee la cara hasta dejarla irreconocible. Los filósofos sólo quedan para aplastar un cráneo a golpes de extintor (un símil de cómo filosofar a martillazos). [Pero yo no quería hablar de un film incómodo para la chusma y pan cotidiano de los "destoucheanos". Ha sido un modo de rentabilizar "la cultura" y los tres euros del alquiler. Si yo fuese profesor, la proyectaría en el aula. ¿En qué etapa? ¿En qué área? (No haré preguntas capciosas, ni recurriré a la salida fácil de "¡En Primaria, por supuesto!")]. Mi vida no ha tenido el rango de una lucha a la que llamar "mi" lucha. Mi vida tampoco ha sido tan vil y rastrera como para haber sido seleccionada para un juego mácabro a lo SAW. Ni mi vida ha sido el deber ser de ninguna cosmovisión; la prueba de ello es que me da miedo morir ahora precisamente y de un modo tan absurdo (más absurdo aún en tanto en cuanto siempre proclamé el absurdo de la muerte -pero en casa del herrero... -). Mi vida ha sido como todas en lo común y singular en lo que la ha distinguido de las otras -¡elemental!-. Destacar lo singular es bastante inútil cuando lo que acaba resolviendo es lo común.
Mi vida ha acabado siendo una queja incapaz de convertirse en reclamación; una palmadita en la espalda incapaz de transmitir la vibración hasta los huevos; un continuo descombrar la miserable presencia ajena hasta acabar en el vacío centro de mi vacío interior. Mi vida he sido yo, sin Sol ni Luna, a palo seco y en pelotas. Como verás, este post es un puto espejo.

14.11.08

Los días, las despedidas... y una sonrisa: todo azul.

Hoy caen palabras. Si por cada palabra caída, un muerto, la vida resurgiría en cada línea.

Pero Malena espera a su machorro con las medias caídas y con catorce años: son las mujeres del futuro, de un futuro incierto, de un futuro más vomitivo que el más cruel pasado.

La palabra es una filigrana que dimana de tejidos adiposos.

Es hora de hacer como que dormir.

Gracias.

[Y ocultas gracias, diferidas gracias, sentido agradecimiento a quien ha intentado difuminar el azul con una presencia. Pero me queda un año de higiene mental y cuando cumpla el 44 -¡presunción!- no importará quién preste su voz o su jergón: el azul será la única presencia, verbal y silenciosa, rumiante. Ahora rumio, la hierba es fría, las heces oscuras. La cama es el frío y espero los papeles que me expulsen de mi legítimo reino de talentos. Ahí fuera hay quien tiende su mano; pero el azul transforma las manos en un flujo de sangre invisible que no llega, que no impregna, que no toca. Gracias. Con azulado retraso, gracias.]

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