14.11.08

Los días, las despedidas... y una sonrisa: todo azul.

Hoy caen palabras. Si por cada palabra caída, un muerto, la vida resurgiría en cada línea.

Pero Malena espera a su machorro con las medias caídas y con catorce años: son las mujeres del futuro, de un futuro incierto, de un futuro más vomitivo que el más cruel pasado.

La palabra es una filigrana que dimana de tejidos adiposos.

Es hora de hacer como que dormir.

Gracias.

[Y ocultas gracias, diferidas gracias, sentido agradecimiento a quien ha intentado difuminar el azul con una presencia. Pero me queda un año de higiene mental y cuando cumpla el 44 -¡presunción!- no importará quién preste su voz o su jergón: el azul será la única presencia, verbal y silenciosa, rumiante. Ahora rumio, la hierba es fría, las heces oscuras. La cama es el frío y espero los papeles que me expulsen de mi legítimo reino de talentos. Ahí fuera hay quien tiende su mano; pero el azul transforma las manos en un flujo de sangre invisible que no llega, que no impregna, que no toca. Gracias. Con azulado retraso, gracias.]

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