Coge el metro o tómalo, viaja, desciende, aspira el rocío del sudor y contempla al extranjero en su humilde esplendor. ¡Es la vida! Mira sus caras, jetas doloridas, acechando ilusiones y pariendo bacterias en los túneles del laberinto. Panchitos, megaorientales, hispanobalbuceantes, germanófilos, germanófobos; panarabistas, católicos, blancos del norte, hindúes del oeste, majaderos de Tuttilandia. ¡El tiovivo de los gemidores! ¡La estética amalgama de la muerte! ¡Maravilloso túnel de delicias para la verga de El Bosco! Puedes montar en Tribunal creyéndote joven y acabar en Atocha mojado por adolescentes. El metro cruza Madrid, lo despliega, consuma la subterránea deriva moribunda, ¡fluye! El metro es barroco y simple a la vez, comunión y caca, verbo y saliva. Alguien fue un profeta al decir que es una mierda este Madrid, en el que ni las ratas pueden vivir. Conoced el metro, correos juergas con la parlante basura de su infecta ebriedad. Si cruzas el metro de Madrid de Norte a Sur y de Este a Oeste, has dado la vuelta al mundo, ¡certificado! Dios viaja en metro con una serpiente de lana y un borreguito de espuma. Hay un belén viviente entre Valdeacederas, Portazgo y Aluche; un inmenso belén con sombreritos de Papá Noel y huesos de santo. ¿Para qué volar a Nueva York? La eternidad está aquí, bajo tierra, elevando mundos sin patria ni bandera. El metro de Madrid es de todos: proxenetas, chulos, borrachos, monjas; pederastas, arrieros, mutilados, navajeros; viudas, chochilocos, marrulleros y machorros. El metro eres tú, Madrid eres tú. ¿No es precioso? Junto a Hiroshima y Nagasaki, ¡qué hermosos trillizos!
La Selva de Próspero
Sapere aude!

1 comentarios:
lo más casposo son los anuncios. ahí sí que se superan cada vez.
feliz año
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