Es como si la habitación ya estuviese limpia, como si nadie hubiese pasado por ella. Aquí habitará otro y otro y otro. Como si el espacio permaneciera y los ingredientes fuesen consumidos por el tiempo. Es lo de siempre. Nada nuevo. Eclesiastés. No es posible ser original. Ser original supondría promover la repetición y convertirla en una bonita costumbre, en un estilo. Pero entonces no se hace justicia con la muerte. Porque todos los hombres son mortales; y esto hay que repetirlo hasta que se considere la taza del retrete como el lugar natural al que la cabeza está abocada. Creo que me explico. Hay cosas que se tienen que repetir cada día. Como viajar en metro y sacar conclusiones. Todo está ahí. Lo saben muy bien los médicos. Para un médico éste, ése y aquél son pronombres que se sustituyen con lo que sea: llegan, palman y "¿siguiente?" Ni el más mínimo secreto en eso de diñarla. Se palma y otros nacen para acabar en el hoyo. Y lo jodido es saber esto y vivirlo día a día. ¿Ves la tele? "Voy a palmarla". ¿Escuchas la radio? "Voy a palmarla". ¿Te consideran un cerebro de elefante capaz de salvar el mundo? "Voy a palmarla". ¿Con qué afán te pones la capita de Supermán y charlas con los amigos? ¿Desinteresadamente? ¿Porque así es la vida? ¿Te lo crees así? ¿Así es y siempre lo será? Pues, ¿qué quieres que te diga? "Voy a palmarla". Lo demás es tan circunstancial como la vida misma y no puedo dejar de pensar en ello. Escribir las memorias cada día es lo que tiene. ¡Sobre todo cuando dejas memoria de vacíos cotidianos! Pero es lo que hay y lo que va a dejar de haber algún día. Quizás esta misma noche. ¡Sí, sí, sí! "Voy a palmarla". ¡Pero Calderón ha dimitido! ¡Y vas a ganar más! ¡Incluso puedes tener un hijo y heredar la tierra! ¿No es hermoso? "Voy a palmarla". Aunque te pongas una mascarilla de pepino y flores de "siemprevivo", aunque te empapes con una papilla contra el envejecimiento la consecuencia es la misma. Te quejas, te jodes, te machacas; te tomas el ansiolítico preceptivo y te confiesas ante el galeno de turno. Lo de siempre. Pero tenemos una santidad que nos protege: los santos cojones de pensar que eso se puede olvidar y vivir como si nada. Sancta Simplicitas!
La Selva de Próspero
Sapere aude!

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