27.1.09

Hay un deseo y un grito triste y exaltado para solitarios. Hay gestos, caricias, sombras y alientos. Hay una flecha disparada hacia un objetivo que acaba clavada en la espalda de uno mismo. La Luna derrama sangre que el Sol jamás derramaría. Todo gira, avanza, se mueve simple y confuso; todo vaticina, todo encumbra su magia, todo promete decepciones y vértigo. ¡Tan hambrientos de la magia hecha deseo o conocimiento! Pero se acaba decidiendo y comprendiendo las limitaciones. Mientras algunos admiten la certeza de que el sexo es pestilencia y plaga; unos pocos, siervos y dueños de la magia, perdidos entre la paz y la muerte, abnegados y ocultos proclaman otra certeza: el sexo es tan fértil como un amor perdido, perseguido y conquistado. Vosotros y ellos, todos estáis invitados a los destellos que os quedan por reflejar durante la muerte antes de la muerte. Nada es cardinal en este punto donde cada estación se arrodilla. Y sólo un acorde encaja como la espada en la vagina, el callado grito que nos devuelve al nacimiento.

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