¡Oh, amigos! ¡Qué lejos estoy de vosotros! Ni siquiera os conozco. Hasta llegué a creer que no tenía amigos. Cuando supe de vuestra mirada ya era tarde: había ascendido hasta el fondo de todos los misterios y los hice míos. Fue entonces cuando ni siquiera pude tomaros como enemigos. Os pediría perdón, si la culpa existiera; pero aquí no hay lugar para esa quimera. Aquí no hay distancias, excepto para sentirme lejos de vosotros. Aquí no hay tiempo, excepto su ausencia para hacer eterna mi separación de vuestra presencia. Vosotros aún perdonáis y obráis como madres, capaces como sois de engendrar. Os admiraría hasta el punto de descender hasta mi cima, pero el desierto de lo eterno abrasa vuestra forma de vida. ¡Oh, amigos! ¡Qué lejos muero de vosotros!
La Selva de Próspero
Sapere aude!

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio