Tarjeta
Tu cara oculta y mi reverso tenían que conocerse. Un "sí, quiero" se ha de dar con toda el alma y no sólo con el almíbar de los momentos simplemente dulces. Tal vez por eso aquel año no hubo tarjetas. Pero las palabras, ahora, pueden despertar. O pueden seguir dormidas, porque los sentimientos fueron tantos -y tan novedosos para mí- que no quedó tiempo para levantar un acta bella y formal de tan intensas vivencias. Pero, si debemos honrar las páginas de un álbum que otros pasarán algún día, ¡cumplamos! Bastarán unas letras para ello:
Fuiste un verano de libertad y cariño, un verano de francas caricias y lamentos, un verano en que me convertí en devoto de tu lucha por nosotros. Y fuiste también, en invierno, anfitriona de un país llamado "hogar" y guía de una región que lleva por nombre "hospitalidad". Y fue así como, en el plazo de un año, se fraguó el encuentro que esta noche del día de Reyes me permite declarar que he vivido.

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