13.1.09

Todo no es sugestión. Es posible que el frío sea frío y que en martes y trece algo se queme. Pero el "da igual" ayuda a superarlo todo. Y en ese "da igual" estoy ahora y pienso: si tuviese tiempo haría un post con los libros que no me llevaré al valle de los eternos cazaderos. Y otro con las canciones y otro con las fotos y otro con las películas y otro con... (risas). Yo sólo me llevo un espinazo sin espinas y una doblez de pensamiento. Poco más. ¡En fin! Pero yo entraba aquí para una transcripción de una tarjeta, para una mnemotecnia, para un dejarme constancia.
Frío, hace mucho frío. Un frío lunar, un frío de astas y palillo, un frío de hogar y Juan sin Miedo.
Y sin embargo, ¿qué importa el frío? Del nocturno frío me preocupa la noche; del solitario frío me preocupa su unidad; del insensible frío me aterra la indiferencia... Pero el frío en sí, el frío frío... no me importa.
Del frío de los mendigos me da miedo su mendicidad; del frío de los ebrios temo su ebriedad; del frío de los niños me desespera su inocencia... Pero el frío en sí, el frío, ¿qué más da?
El frío es como tú y como yo: una sensación sin más sentido que nuestros sentidos. Pero cuando al frío le acompaña la circunstancia de su deriva y el azar de su errancia, hay que temerlo.
Y así sucede con lo sencillo.
Lo sencillo es como el frío, simple y cordial, vivible. Pero lo sencillo no admite el revuelo de los calificativos ni disfraces que lo acompañen. Porque entonces dejaría de ser sencillo como el frío dejaría de ser frío.
No sé si me explico... Ni me explico... Esto es sólo un ejercicio para desentumecer mis dedos acogotados de frío... y nada más que frío.
Tú eres el algodón del frío y la pluma de lo sencillo.
Y así poco más o menos se puede dar el plácet a este puñado de letras nevadas por la inconsciencia de vivir. Una queja más, otro aliento y un querer dar colores a la orquesta de los desalientos.
Buenas noches.

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