Dolor
Un poco más por menos y empatía en el verbo: epitafio de un directivo. Lo digo así, puntual y ocasionalmente, como una ocurrencia en el ocaso. Mientras, el lobo camina. Y cada lobo es un perro faldero y acabado. Un lobo sin bebida, una herida sin medida, un calimocho de saliva y viento: eso es un experto en inexperiencia. Nada objeto, ni siquiera argumento un solo intento de salida en este infierno de vacíos. El dolor termina siendo una costumbre sin calificativo. Eso lo sabéis los que sufrís, ¿me equivoco? La pregunta, -claro está-, es retórica; porque el sufrimiento navega en solitario como tú y yo navegamos al trabajo en bus cada día.

1 comentarios:
Yo al trabajo navego con un montón de compañeros enfrascado en un libro. De hecho, no voy en coche porque quiero darme este rato.
Quizá por eso mi sufrimiento no navega solo, navega conmigo, dándome la lata como un embotellamiento constante en mi interior.
Algún dia fluiré de nuevo como un autobús urbano.
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