15.3.09

Domingo 15 de Marzo de 2009

Visiones, mapas, distancias -palabras y palabras-; pero lo concreto, sea lo que sea, se supone que está ahí. He perdido mi agenda o, mejor dicho, mi voluntad en su suicidio quemó todas las agendas. Ni siquiera el café ni los antidepresivos te abren a la vida, porque no hay vida. Las carocas del recuerdo no evocan fiesta alguna, la historia es nada. En esta plaza estoy solo y mi cabeza puebla todo con contradicciones. "Decidir" es el verbo que han de saber conjugar los soldados de la vida -y el "dejarse ir" es una opción-. El problema es que en algún momento pudiera suceder que la conciencia se recobrase -el final de Don Quijote- y doliese más de lo debido. Alrededor pulula lo olvidado, dentro de mí una fuente de pesadillas lanza chorros de oscuridad y el polvo es polvo. No hablo de mí, no es el "siempre yo", es la convicción muy cierta de que cada cual va a su bola. Yo no cuento. Yo ni siquiera enumero. En este páramo de ilusiones no hay nombres propios y uno se defiende con memoria a corto plazo. El tiempo corre, me han amputado las piernas y no encuentro la tumba de la voluntad. En cuanto a mis emociones la indiferencia no me da miedo, me da miedo el miedo solamente. Tú y yo, todos -juntos o por separado-, vosotros y nosotros sabemos de lo que se ha ido muriendo poco a poco.

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