La Selva de Próspero

Sapere aude!

28.6.09

Mi despedida (II)

Pasillos, obras, hormigas, pegamento... Y el calor como flujo subterráneo, ¡ni una sinfonía! El sudor por el sudor, la herida por la herida y el olvido como bajo continuo de esta macabra decoración del vacío. Anuncios, los veranos de la villa (económicos, altruistas y culturales), la hipoteca bajo el sobaco y la muerte en la entrepierna. Mientras, Dios con todos. Túneles de vapor cianhídrico, astenia eterna, ramales de virulencia, cerebros sin sangre, dendritas apagadas: todo entre vagones. Salida, almacenes, precios, cálculos... flujo, flujo, flujo. Apagados, lentos, fijos en la apatía, sin respiración, cárnicos como despojos: todos fluyen de la calle al metro y del metro a la calle. Pero es la vorágine por las vacaciones, el tiempo del ocio, la recompensa merecida... ¡Después de tanto trabajo! ¡Después de tantos madrugones! La mayoría ya prepara, ya planifica, ya ejecuta, ya sale para una primera tanda de "no hacer nada más que chapotear entre los rayos del sol". Yo mientras arrastro las entrañas, cojeo con mi pierna, me dilato y me expando como el universo entre pizzas, kebabs y hamburguesas; hablo con mi hernia discal, me coloco los epiplones, compro espejos para ver mi náusea, me nomino "hijoputa del siglo", me masturbo en la bañera con las cucarachas y las ratas, me llamo a mí mismo por el móvil y comunico, leo diarios atrasados para comprobar si he muerto, pateo las vías, bebo sudor y hablo de Kierkegaard con la apestosa almohada. Después iré a la celebración de la Santa Misa, confesaré, me darán la absolución por mi culpable inocencia y haré penitencia: me iré de putas con los calamares, vaciaré los urinarios púbicos y públicos con mi lengua, me haré cosquillas en los pezones, hablaré de Dios... ¡pero todo en el metro! ¡Viviendo en el metro! ¡Siendo metro! Andenes, andenes, andenes... miríficos miriámetros de raíles, sendas perdidas, bosques de goma oscura (esas gomas en los flancos, siempre vergas, siempre cárnicas, siempre violadoras). Yo soy reptil de enorme barriga, un cocodrilo desdentado, un pestilente vaho que se ahoga mientras los orbiculares procuran ver entre la fétida niebla, una esperanza amputada y un cabrón mutilado.
Afectuosamente vuestro en la víspera de un cumpleaños.

Mi despedida (II)

Pasillos, obras, hormigas, pegamento... Y el calor como flujo subterráneo, ¡ni una sinfonía! El sudor por el sudor, la herida por la herida y el olvido como bajo continuo de esta macabra decoración del vacío. Anuncios, los veranos de la villa (económicos, altruistas y culturales), la hipoteca bajo el sobaco y la muerte en la entrepierna. Mientras, Dios con todos. Túneles de vapor cianhídrico, astenia eterna, ramales de virulencia, cerebros sin sangre, dendritas apagadas: todo entre vagones. Salida, almacenes, precios, cálculos... flujo, flujo, flujo. Apagados, lentos, fijos en la apatía, sin respiración, cárnicos como despojos: todos fluyen de la calle al metro y del metro a la calle. Pero es la vorágine por las vacaciones, el tiempo del ocio, la recompensa merecida... ¡Después de tanto trabajo! ¡Después de tantos madrugones! La mayoría ya prepara, ya planifica, ya ejecuta, ya sale para una primera tanda de "no hacer nada más que chapotear entre los rayos del sol". Yo mientras arrastro las entrañas, cojeo con mi pierna, me dilato y me expando como el universo entre pizzas, kebabs y hamburguesas; hablo con mi hernia discal, me coloco los epiplones, compro espejos para ver mi náusea, me nomino "hijoputa del siglo", me masturbo en la bañera con las cucarachas y las ratas, me llamo a mí mismo por el móvil y comunico, leo diarios atrasados para comprobar si he muerto, pateo las vías, bebo sudor y hablo de Kierkegaard con la apestosa almohada. Después iré a la celebración de la Santa Misa, confesaré, me darán la absolución por mi culpable inocencia y haré penitencia: me iré de putas con los calamares, vaciaré los urinarios púbicos y públicos con mi lengua, me haré cosquillas en los pezones, hablaré de Dios... ¡pero todo en el metro! ¡Viviendo en el metro! ¡Siendo metro! Andenes, andenes, andenes... miríficos miriámetros de raíles, sendas perdidas, bosques de goma oscura (esas gomas en los flancos, siempre vergas, siempre cárnicas, siempre violadoras). Yo soy reptil de enorme barriga, un cocodrilo desdentado, un pestilente vaho que se ahoga mientras los orbiculares procuran ver entre la fétida niebla, una esperanza amputada y un cabrón mutilado.
Afectuosamente vuestro en la víspera de un cumpleaños.

14.6.09

Dejadme ya. Las luces...
Una tarde noche de invierno, líneas buscando, decepciones sencillas.
Cuando saludo no me quito el sombrero, sino la cabeza.
Un Prozac con leche y una barrita de Tranxilium 15 con Noctamid, por favor. Hoy desayunaré ligero. Pero el tentempié del gin tonic con Topamax y Sinogán no lo puedo dejar, caballero.
Para muchos (¡y qué me importan a mí los muchos!) lo que voy a escribir sería "una burrada". Pero el mejor regalo de este próximo cumpleaños podría ser la muerte; porque, ¿qué es la muerte para un muerto? ¡Una redundancia como todo regalo!
Mari Trini que estás en los cielos...
¡Qué penita esto de ir sobreviviendo y malmuriendo a la vez!
No tengo ni puta idea de lo que dice, pero hay una canción que me permite desafiar al sol en esta tarde de fuego: oi meres pou dikazoun. Escucharla debe ser como sentir que unos padres a los que hubieses querido y que te hubiesen querido hubiesen muerto; como sentir que una compañera en la que hubieses depositado todo te traicionaba por sus nervios; como sentir que sólo una canción es lo que nunca te abandona en el momento del último ahogo.
Y tú, ¿qué coños miras?

Dejadme ya. Las luces...
Una tarde noche de invierno, líneas buscando, decepciones sencillas.
Cuando saludo no me quito el sombrero, sino la cabeza.
Un Prozac con leche y una barrita de Tranxilium 15 con Noctamid, por favor. Hoy desayunaré ligero. Pero el tentempié del gin tonic con Topamax y Sinogán no lo puedo dejar, caballero.
Para muchos (¡y qué me importan a mí los muchos!) lo que voy a escribir sería "una burrada". Pero el mejor regalo de este próximo cumpleaños podría ser la muerte; porque, ¿qué es la muerte para un muerto? ¡Una redundancia como todo regalo!
Mari Trini que estás en los cielos...
¡Qué penita esto de ir sobreviviendo y malmuriendo a la vez!
No tengo ni puta idea de lo que dice, pero hay una canción que me permite desafiar al sol en esta tarde de fuego: oi meres pou dikazoun. Escucharla debe ser como sentir que unos padres a los que hubieses querido y que te hubiesen querido hubiesen muerto; como sentir que una compañera en la que hubieses depositado todo te traicionaba por sus nervios; como sentir que sólo una canción es lo que nunca te abandona en el momento del último ahogo.
Y tú, ¿qué coños miras?

7.6.09

Mi despedida (I)

Hay una forma de ir muriendo de modo sencillo y sin complicaciones: dejarse llevar y decir "preferiría no hacerlo". Para obrar de este modo se ha de haber alcanzado un determinado estado. En ese estado ya no hay amigos "de toda la vida" ni tedio cotidiano ni costumbres. Cada cosa puede ser importante o pasar desapercibida al ir pasando de ese modo la muerte.

Mi despedida (I)

Hay una forma de ir muriendo de modo sencillo y sin complicaciones: dejarse llevar y decir "preferiría no hacerlo". Para obrar de este modo se ha de haber alcanzado un determinado estado. En ese estado ya no hay amigos "de toda la vida" ni tedio cotidiano ni costumbres. Cada cosa puede ser importante o pasar desapercibida al ir pasando de ese modo la muerte.

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