Mi despedida (II)
Pasillos, obras, hormigas, pegamento... Y el calor como flujo subterráneo, ¡ni una sinfonía! El sudor por el sudor, la herida por la herida y el olvido como bajo continuo de esta macabra decoración del vacío. Anuncios, los veranos de la villa (económicos, altruistas y culturales), la hipoteca bajo el sobaco y la muerte en la entrepierna. Mientras, Dios con todos. Túneles de vapor cianhídrico, astenia eterna, ramales de virulencia, cerebros sin sangre, dendritas apagadas: todo entre vagones. Salida, almacenes, precios, cálculos... flujo, flujo, flujo. Apagados, lentos, fijos en la apatía, sin respiración, cárnicos como despojos: todos fluyen de la calle al metro y del metro a la calle. Pero es la vorágine por las vacaciones, el tiempo del ocio, la recompensa merecida... ¡Después de tanto trabajo! ¡Después de tantos madrugones! La mayoría ya prepara, ya planifica, ya ejecuta, ya sale para una primera tanda de "no hacer nada más que chapotear entre los rayos del sol". Yo mientras arrastro las entrañas, cojeo con mi pierna, me dilato y me expando como el universo entre pizzas, kebabs y hamburguesas; hablo con mi hernia discal, me coloco los epiplones, compro espejos para ver mi náusea, me nomino "hijoputa del siglo", me masturbo en la bañera con las cucarachas y las ratas, me llamo a mí mismo por el móvil y comunico, leo diarios atrasados para comprobar si he muerto, pateo las vías, bebo sudor y hablo de Kierkegaard con la apestosa almohada. Después iré a la celebración de la Santa Misa, confesaré, me darán la absolución por mi culpable inocencia y haré penitencia: me iré de putas con los calamares, vaciaré los urinarios púbicos y públicos con mi lengua, me haré cosquillas en los pezones, hablaré de Dios... ¡pero todo en el metro! ¡Viviendo en el metro! ¡Siendo metro! Andenes, andenes, andenes... miríficos miriámetros de raíles, sendas perdidas, bosques de goma oscura (esas gomas en los flancos, siempre vergas, siempre cárnicas, siempre violadoras). Yo soy reptil de enorme barriga, un cocodrilo desdentado, un pestilente vaho que se ahoga mientras los orbiculares procuran ver entre la fétida niebla, una esperanza amputada y un cabrón mutilado.
Afectuosamente vuestro en la víspera de un cumpleaños.
