Plantea tu día como si fuese el último (esto ya lo he escrito muchas veces y en relación inversamente proporcional lo he realizado). Pero hoy es un día especial como los otros días de mi vida. Pero... me pierdo... como siempre me pierdo.
Hay cosas que hacer: pagar, pagar, pagar; pagar alquileres, pagar por ver, pagar por viajar, pagar por aprender. Y hay que ordenar y ordenar y ordenar. Y hay que diseñar un curriculum para los que han de ver un curriculum. Y hay que ser cauto, tener buena actitud. Hay que profesar la religión de Adizes: planificar, realizar y evaluar; producir, administrar, integrar, innovar. Hay que ser moral, hay que ser ciudadano, hay que pasar, no hay que pasar, hay que saber estar y no estar. Hay que ver el círculo de importancia, hay que ampliar el círculo de influencia, hay que cuadrar la ventana de Johari, hay que abrir la ventana de Windows, hay que ventilar. Pero no son obligaciones, son cosas positivas, buenas, bonitas, realizables; cosas que te autorrealizan, que te elevan, que sacan lo mejor de ti; que te ayudan incluso a afrontar los imprevistos de la vida (que son muchos). Lo mejor es "a ello". No ver las cosas simultáneamente, sino secuencialmente y obrar, hacer, tirar "palante". Eso es. Y salir con una sonrisa a la calle y disfrutar de todo, no privar a los sentidos de la vida que nos rodea. Todos somos como el elefante de Bucay: podemos, we can, depende de los mapas que nos confeccionemos para el territorio de la vida. Cada "yo" es un "nosotros" y somos fuertes por ello.
¿No veis qué optimismo? Si es que no hay nada como llevarse el portátil al cementerio y escribir sobre una tumba a la sombra.

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