9.8.09

Corfú en Fuengirola

El Sol haciendo cosquillas y melanomas como rosquillas, la arena toallera, los niños propalando la falsa esperanza de la inmortalidad, el deseo como orín sobre las conchas, la fiesta por bandera, el alcohol por sustancia, todo comerciado a cualquier precio. A simple vista la tortura puede adoptar esa forma. Pero no todo se comercia, no todo se compra ni se vende; aún quedan desilusionados que subyacen con la más viva amargura en alguna taberna oscura, ¡pero tan llena de esa luz que sólo una taberna griega puede custodiar! Sí, quedan desilusionados que no cobran por un retsina, quedan ojos luminosos que apagan la silenciosa y multitudinaria mediocridad de un Born in de iuesei con una despectiva e irónica sonrisa, quedan lucíferos cabellos blancos capaces de recordar la historia y contarla simplemente -con la dificultosa sencillez de un origen-, quedan arrinconados rincones que lucen como signos para quienes sólo bebemos oscuridad a cada segundo que pasa -sin que la oscuridad logre emborracharnos con la divina ebriedad de los olímpicos-. Queda eso que se llama "monumento", como olvidado, como inexistente, inapreciado e inapreciable; y queda para los que hace mucho que se marcharon. La cuna de la cultura se ha olvidado; bastó que el bebé creciera para que sus descendientes la aplastaran. Ya se sabe que cada cual acaba matando lo que ama.

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