17.8.09

El calor es un champiñón (surrealismo abochornado de sí)

Los borrachos, los perdidos, los errabundos, toda esa peña que desdeña la compasión... están aquí.
Las charlas vacuas, los chascarrillos, los "dimes" y "diretes", el gran rumor del mundo transformado en teatro frente a unos botes de birra y unos cubatas de acero... están aquí.
Las pendencias que flotan, los muertos que flotan, las denuncias que flotan, los andares mutilados del alma que se niega a participar en los desfiles de la razón... están aquí.
El "buen borracho", el "buen ladrón" de la conciencia, los que deambulan en el carmen del corazón, los que florecen sin maldad ni desdén, los no vencidos por la victoria -sino por la derrota-... están aquí.
La jeremiada, las palabras transformadas en viento abochornado, los vaivenes del pasar... están aquí.
El calor está aquí... insoportable, denso, seborreico... El calor está aquí... sin tapón de corcho que lo contenga, avinagrado, uterino... El calor está aquí sin guardar, profano, sin vergüenza. Mamá tiene calor, papá tiene calor, el "guau guau" tiene calor... ¡los pajaritos -hijos míos- también tienen calor -pobrecitos-! El calor está aquí como Pedro por su casa... como Próspero por su selva. El calor caldoso está aquí... ¡caldito de mi vida! El calor es un río, el calor está aquí y es un río. El calor, al igual que tú y yo, es un estado y por eso está aquí. Para ti y para mí, el explícito calor, el pornográfico calor, el orgulloso calor... está aquí (como un champiñón).

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