29.8.09

Las calles están limpias. Aún falta para que el sol se vaya. Es la siesta y la nana. La abuela espera a que todo esté listo para irse. Los años pasan al otro lado de la ventana y sus ojos ven el tiempo imaginado. Frente a ese edificio no hay nada y la mirada se pierde en el horizonte. El banco de la esquina está vacío, sólo lo ocupa un pordiosero que también se está muriendo. El vino es bueno hasta con cuarenta grados a la sombra, porque supongo que le ayuda a no saber que no verá amanecer mañana. La vida en la mirada de la abuela que muere, la muerte en la mirada del pordiosero que muere; dos miradas y dos muertes mientras Saturno gobierna la tarde y su fuego cosecha almas para la noche. Quizás alguien abandonado camine solo por la acera. ¿Qué verá su cerebro bajo los efectos de la insolación? Quizás la biblia negra de Baudelaire antes de subir a los cielos; quizás a Rimbaud masturbando a treinta infantes en un aula de plata; quizás a Milton succionado por la cobra blanca que deambula maternal por el barrio; quizás a Blake con las tablas de la ley sobre los hombros mientras de sus ojos salen los ofidios marinos que amaron a Laocoonte y a sus hijos. Las calles limpias, las persianas bajadas, los párpados cerrados y sudorosos, los estudiantes ciegos. Cuando alguien sale de un portal es probable que se dirija a un hospital para no volver. Las casas están habitadas por cenizas en potencia. Los hospitales están habitados por cenizas. "¿Por qué te vas, mamá?" Una tela de calor hace vibrar las pupilas. El calor es una cortina y un biombo como la absenta es un muro y una sábana. En la frente del pordiosero se está produciendo una vista previa del vacío -le queda poco-. Una balada repta por los surcos del cerebro de la abuela -le queda nada-. "¿Por qué me llevas?" Un gordo rueda hasta el contenedor para grasas del ayuntamiento -es un buen ciudadano-. Un perro perdido trota como si no estuviera perdido -pero lo está-. La iglesia está bañada de sol, no es posible mirar la fachada sin quedar deslumbrado. El ángel exterminador está precisamente ahí, en la fachada. Esta noche él y Saturno transformarán este calor en asfixia y limpiarán las calles. "¿Por qué han de venir conmigo?" Me duele la cabeza y estoy sobrio. Alzo la mano, cierro los ojos, el sudor baña mis lacrimales y escuece. La insolación solitaria me permite saludar a Zaratustra bajo la marquesina. Le pregunto por los niños que van a nacer y me da a morder una serpiente, pero yo no soy pastor ni me suelo quedar dormido. El pordiosero alimenta a las hormigas. La abuela alimenta la leyenda de Dios.

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