Sudo angustia y sólo tengo este rectángulo para vomitarla; sin embargo, no por vomitarla aquí me voy a vaciar de ella. Y no es una angustia existencial y refinada, sino la de todos, pero vivida con sensores más potentes. Me falta razón práctica, carezco de razón instrumental; me sobra lo superfluo (así escrito no inspira compasión y parece un diagnóstico). Pero da igual si se tiene en cuenta que nada es para siempre. Cada vez me ha venido dominando más la impotencia. Cada vez he ido más inclinado a la depresión, a la obsesión y a la dependencia. Cada vez me he ido volviendo más gilipollas (creo que se escribe así). Y cuento con ángeles que me apoyan, pero mi angustia los difumina, los vuelve precarios, los aleja. A veces la angustia se hace más gilipollas (creo que se escribe así) y se convence de que es orgullo y destino, pero no es más que lo que he escrito (creo que se escribía así como lo escribí). Parece no haber consuelo, sino un nudo en el estómago, un vuelco en el corazón y una fiebre en el cuerpo. Alguien decía uno de estos días en una peña en la que faltaban camisetas para los socios: "El año que viene la gripe A logrará que sobren camisetas. Quedarán aquí, esparcidas en este corral como memoria amarga. ¿Por qué preocuparnos, pues?" No le faltaba razón a este juez. Ya disponemos de cifras aunque nos falten los cadáveres. El minimum de muertes está asegurado y el peldaño más bajo de la estadística no lo mueve ni Dios. Como poco ocho mil, esos son seguros, ¡ministerialmente certificado a prueba de errores! A eso súmale algunos accidentes de carretera y algunos miles de imprevistos. Tal vez la angustia viene de creer que se va a sobrevivir y que tendremos que enfrentarnos a lo que todos se enfrentan cada día, aunque en mi caso con sensores más potentes. Pero desensibilizarse es cosa de química, nada que resulte muy caro -apenas unos céntimos de euro-. ¡Eso sí, hay que retratarse en la base de datos! ¡Hay que dar el numerito de víctima a Sanidad! Si no te proclamas carne de psiquiátrico has de vivir la muerte cotidiana como los ciudadanos ejemplares y desconocidos, cuya química les permite ser anónimos. Pero antes de la sentencia, antes de la receta sudo angustia, una angustia única y ejemplar como si todos mis miedos celebraran el último guateque. Por otro lado la angustia es como un recinto aislado que te priva del horizonte; te aísla con la soledad más irreal que puedas imaginar, ¡te vuelve hostil a cualquier salida! Porque uno podría lavarse las manos de la culpa, seguir el protocolo sanitario y anticiparse al desenlace hasta evitarlo; pero nos obstinamos nosotros, los de potentes sensores, en captar el dolor en todos sus matices. Así nos luce el pelo. Así nos va. Así somos. Así somos de gilipollas (creo que se escribe así).
La Selva de Próspero
Sapere aude!

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