El camino sin retorno
La rabia y la amargura vienen de saber que no hay retorno. Pero hay que volver a emprender camino para acabar en el mismo sitio; es decir, en cierto modo se retorna, no a lo mismo, pero sí a una frustración similar. La rueda es la gran metáfora, pero con precisiones. Quizás esto es demasiado filosófico o enrevesado.
Aquí estoy, pasadas las once de la mañana, sin guía. Aunque me ofreciesen todo el oro del mundo me sentiría apagado. Me da igual que tú vivas o mueras. Me da igual lo que te pase. Previo a esto se ha dado un paso: me da igual vivir o morir y me da igual lo que me pase. Es posible que padezca dolores y enfermedades; es posible que me dé por gemir, llorar, gritar, enrabietarme... Pero será una reacción, nada más. No me dolerá el hecho de que la enfermedad o las adversidades me hayan impedido conseguir algo que yo pretendía; porque no hay nada que pretender por mi parte ni por la de nadie. Cualquier pretensión en este campo de batalla es presuntuosa e irrisoria.
Si tuviese que preparar una clase para mañana (es decir, si hubiese sido condenado a ser docente -cosa de la que el sabio destino me ha librado-), pondría una actividad para todos los alumnos. Sería el examen antes de las vanidades y consistiría en conjugar el presente de indicativo del verbo "cagar". ¿Qué más da cuál sea el verbo, si lo importante es saber conjugarlo? (Y "cagar" es más estético, ético y religioso que "votar" -hablo de "votar" conjugado en esta desfachatez de país en que morimos-). Pero hay libertad de cátedra (el docente, sobre todo en la universidad, puede hacer lo que le venga en gana para adocenar a los homúnculos asistentes), así que cualquier verbo será bien hallado. También podría ser uno original y provocativo y pedir como deberes la conjugación en presente de indicativo de la frase "Asistir a la Plaza de Oriente como acto de respeto y de reconocimiento". Comenzaríamos, como ejemplo, poniendo la primera persona: "Yo asisto a la Plaza de Oriente como acto de respeto y de reconocimiento". Seguramente algún "espíritu" (léase "fantasma") libre se escandalizaría y no vería dos palmos más allá de sus narices.

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