2.11.09

Estaba cantado. El deterioro ya es absoluto. Ahora no hay entes de ficción de por medio que le salven a uno de nada. La puerta de la decadencia está abierta de par en par. ¡Y es tan vulgar! He oído a Jesús lanzar su lamentación:
"Repetid todos conmigo: "¡Como un cerdo! ¡Como un cerdo!" ¡Exclamando! ¡Hacedlo! "¡Como un cerdo!" Veo pasar a la gente y no me dice nada, como si sólo contase para mí el comer y el beber como un cerdo. Todos: "¡Como un cerdo!" Calles arriba, calles abajo, de glorieta en glorieta, de rotonda en rotonda, mirando, deseando y sudando como un cerdo, como un puto cerdo. Con mi mano entre la cintura del pantalón y los slips, con el rabo entre las piernas, con la adiposa cultura de un viejo verde, con la verborrea de un demagogo que entona pareciendo serio, tirándome a las mentes abiertas como un cerdo, ¡como un puto cerdo! Constato, comparo, me forjo una opinión y acabo construyendo una teoría que se convierte en ley: todos deberían ser quemados como cerdos. Pululo como un cerdo que cada noche hoza y hoza y hoza -gronf gronf gronf- sus pizzas, sus hamburguesas, sus botes de fabada, garbanzos y lentejas; como un cerdo que goza con el placer de morir comiendo como un cerdo, pero sin un amo que te raje en canal y que extraiga las vísceras; como un cerdo con una diferencia: ausente de culpa, inocente; porque un cerdo es culpable de que todo se aproveche de él, ¡hasta los andares de cerdo! Y yo soy un cerdo inocente de que nada se pueda aprovechar de mí y voy a morir como un cerdo. ¡No! ¡Peor! ¡Peor que un cerdo! Porque tengo apariencia humana y eso me hace inferior a un cerdo. Se acerca la luna llena y yo sólo le puedo ofrecer ¡mi redondo bloque de cerdo! ¡Bloque de grasa! ¡Bloque de cerdo! Cago como un cerdo, como una vaca convertida en cerdo o como un cerdo convertido en vaca. Soy mierda animada. Carezco de dignidad como para poder estar en el culo de Dios para que me cague de nuevo a la vida. Dios no me caga y mi ángel de la guarda huele muy bien. Los niños me desprecian, ni siquiera me tienen en consideración; las mujeres ni siquiera me hablan, no existo. De todas formas... de todas formas no soy del todo un cerdo, no soy un perfecto cerdo: hablo en vez de gruñir y cuando hablo y la gente no me ve y la gente sólo lee lo que escribo, ¡entonces no soy un cerdo! Soy jabalí, ¡más que jabalí! Soy como un niño, como un héroe, como un dios; puedo soportar las flechas de Hércules, las lanzas de Aquiles y el cipote de Áyax. Yo soy un cerdo menos cuando escribo (sin cara, sin cuerpo) y levanto una esperanza más grande que todas las mentiras. Elevad vuestra aclamación, ¡todos!, elevadla: "¡Como un cerdo!" Debéis decir que os engañé, o que de cerdo me convertí en cabrón, o que fui un cerdo cabrón... porque me oculté en lo más sagrado, en la palabra, para camuflar mi ruinosa condición de cerdo. Cerebralmente mis ideas son las del cerdo, emocionalmente sufro crisis de cerdo, necesito la libérrima indisciplina del más puto cerdo para poder seguir hozando mi propia mierda (así me lo pide un seboso corazón de cerdo). ¿Cómo hacer sagrada mi causa de cerdo? ¡Inmolándome! ¡Despanzurrándome en cualquier altar ante los amos! ¡Decapitando públicamente mis lorzas de cerdo! Acogedme como Dios nunca quiso acogerme: ¡como un cerdo! Todos, decidlo todos, ¡aclamad todos!: "¡Como un cerdo! ¡Como un cerdo! ¡Como un puto cerdo!"
Fragmento de "Viviando Muerte" de Constantino Vesalio Circense.

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