La tarde es gris. ¿Arderán y brillarán por ello arco iris en la noche?... Pienso que la palabra es muchas veces una flor hermosa que nace en cerebros podridos. ¿Para qué divagar? Hay mucho imbécil suelto que divaga y cobra por ello. Para mí es sólo un sábado más perdido y un día menos que se descuenta a todos los que hoy estén alentando sobre la tierra. He cometido errores y no he aprendido de ellos. ¿Quién fue el jodido sabio que dijo que se aprendía de los errores? ¿Tan jodido estaba que tuvo que proclamar esa mentira retóricamente atractiva para hacer que muchos se sintiesen aún más hundidos al comprobar que, error tras error, lo único que aprendes es que el mundo está de más? De los errores sólo se aprende a ser un resentido. ¿El mayor error? La conciencia del polvo de nuestros padres. Y esto es sólo repetir lo mismo que, por el hecho de ser repetido, no es lo mismo, es muy distinto: tiene el estigma suicida del tedio.
Pero hay que ser más divertido, sonreír, ¡ser un payaso Augusto! Las revoluciones de la mente tienen su Tranxilium y las erecciones su masturbación. Otros hacen complejo lo sencillo y son intelectuales o follan (los más altos en la escala de la imbecilidad son intelectuales, follan y no se culpan de nada).
Ahora es momento de ducharse, de refrescarse, de prepararse para soñar que esta noche cenaremos un buen coño. Por más que soñar con cenar no sea cenar. ¡Cenar un coño! ¡Qué expresión tan soez! ¡Cómo cautivar a una dama con una oración tan impropia! ¿Para qué se hizo la metáfora? Sin embargo yo pienso, cuando estoy borracho, que lo más soez se puede limar con la ternura. Y muchas veces la ternura no está en las palabras, sino en saber cenar un coño. Todo el arte del protocolo está en saber cenar un coño.
Atentamente tuyo,
M.
P. D.:
Creo que cambiaré mi auténtico nombre por el de "M." Con el mío me siento un animal de granja, sellado, vacunado, presto para el matadero. Con el nombre de "M." me siento un sátiro, un fauno, un pene hidráulico, un Mazinger de la noche, un semental insaciable capaz de parar aviones con la polla, un bardo borde que dice la verdad... En suma: me siento.
Pero hay que ser más divertido, sonreír, ¡ser un payaso Augusto! Las revoluciones de la mente tienen su Tranxilium y las erecciones su masturbación. Otros hacen complejo lo sencillo y son intelectuales o follan (los más altos en la escala de la imbecilidad son intelectuales, follan y no se culpan de nada).
Ahora es momento de ducharse, de refrescarse, de prepararse para soñar que esta noche cenaremos un buen coño. Por más que soñar con cenar no sea cenar. ¡Cenar un coño! ¡Qué expresión tan soez! ¡Cómo cautivar a una dama con una oración tan impropia! ¿Para qué se hizo la metáfora? Sin embargo yo pienso, cuando estoy borracho, que lo más soez se puede limar con la ternura. Y muchas veces la ternura no está en las palabras, sino en saber cenar un coño. Todo el arte del protocolo está en saber cenar un coño.
Atentamente tuyo,
M.
P. D.:
Creo que cambiaré mi auténtico nombre por el de "M." Con el mío me siento un animal de granja, sellado, vacunado, presto para el matadero. Con el nombre de "M." me siento un sátiro, un fauno, un pene hidráulico, un Mazinger de la noche, un semental insaciable capaz de parar aviones con la polla, un bardo borde que dice la verdad... En suma: me siento.
Extraído de "Animal como un simulacro de evacuación fingido en la entrepierna" de Isidoro Lacan McCloud.

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