¿Quién no tiene una cita perdida?
El grito abierto está llorando. Nadie más va a nacer. En la habitación oscura pulula un alma grave. Queda poco aire.
Un paso no lleva ya a otro paso, las llaves ya no cierran, mamá está muerta. Hay una tilde en el cerebro y una mancha en el ojo. Voy a cerrar el grito con agua caliente y sal, lo voy a quemar sobre un horno de cinco puntas y echaré las cenizas al atanor.
Tus ojos se quedan mirando... sin luz... oxigenados...

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