La Selva de Próspero
Sapere aude!
29.12.09
Hoy me entregaron los resultados. Al parecer el combustible está envenenado de triglicéridos y de glucosa. Le han echado muchísimo azúcar a la gasolina y está realmente podrida de grasa. Con una gasolina así no se puede ir muy lejos. Al parecer habrá que utilizar la mecánica. Los parámetros "por las nubes, astronómicos, dignos de un monstruo; propios de un superhombre, ya que nadie sobrevive a 850 de trigliglí... ¡Y 213 de gluki gluki!... ¡Con una resistencia a la "ínsula" de un 67,8!... ¡Y está usted aquí! ¡De pie! ¡Hablando, bebiendo agua, meando, hablando, bebiendo agua, bebiendo agua, bebiendo agua, meando, hablando!... ¡Es usted un prodigio!... ¡Su adn es el del superhombre!" (Son palabras textuales de la eminencia galénica). Habrá que recurrir al émbolo y a la "ínsulodependencia" si el tratamiento no funciona. ¡Ah! ¡Y cuidado con los pinreles! ¡Mirarlos cada día! ¡O me los amputan! Sólo le faltó presentarme a la audiencia: "Con 1,68 de altura y 109 kilos de peso... El super... hombre.." Ha sido genial. ¡Mis cinco minutos de gloria! ¡Un certificado de aprovechamiento de la vida! ¡Diploma cum laude y con ínfulas color mariposa! ¡Cómo me han vitoreado! Era un coro celestial: "¡Lípidus! ¡Lípidus! ¡Lípidus! ¡Lípidus!" ¡Ni en el circo romano! Cuando salí del taller vi a Destouches que me llamaba flexionando el dedo índice a lo "cuchi cuchi". "Pronto te veo en el París de los desfrancesados" ¡Ay, mi querido Destouches! Estaba admirado también: "¡213 de gluki gluki no lo alcanzaba ni el mismísimo Goliath!" Y me han extendido el parte de reparación: ¡aire y agua! ¡Ni siquiera forraje, por si pudiera estar en contacto con las cañas de azúcar! ¡Y a los cerdos ni mirarlos! (¿Alguien cree que se puede seguir ese consejo en esta ciudad? ¿No mirar a ningún cerdo?) ¿Y qué decir de mis "Bravas al espíritu torero"? "Una más de aquí a un siglo y le canto el entierro, señor Próspero". ¡Qué exageración! ¡No es para tanto! O no sería para tanto si estos mareos y esta asfixia me permitieran al menos pedir "socorro".
Texto extraído de "Requiem de azúcar para Próspero en la lípida selva del olvido", escrito por J.F.K.
Hoy me entregaron los resultados. Al parecer el combustible está envenenado de triglicéridos y de glucosa. Le han echado muchísimo azúcar a la gasolina y está realmente podrida de grasa. Con una gasolina así no se puede ir muy lejos. Al parecer habrá que utilizar la mecánica. Los parámetros "por las nubes, astronómicos, dignos de un monstruo; propios de un superhombre, ya que nadie sobrevive a 850 de trigliglí... ¡Y 213 de gluki gluki!... ¡Con una resistencia a la "ínsula" de un 67,8!... ¡Y está usted aquí! ¡De pie! ¡Hablando, bebiendo agua, meando, hablando, bebiendo agua, bebiendo agua, bebiendo agua, meando, hablando!... ¡Es usted un prodigio!... ¡Su adn es el del superhombre!" (Son palabras textuales de la eminencia galénica). Habrá que recurrir al émbolo y a la "ínsulodependencia" si el tratamiento no funciona. ¡Ah! ¡Y cuidado con los pinreles! ¡Mirarlos cada día! ¡O me los amputan! Sólo le faltó presentarme a la audiencia: "Con 1,68 de altura y 109 kilos de peso... El super... hombre.." Ha sido genial. ¡Mis cinco minutos de gloria! ¡Un certificado de aprovechamiento de la vida! ¡Diploma cum laude y con ínfulas color mariposa! ¡Cómo me han vitoreado! Era un coro celestial: "¡Lípidus! ¡Lípidus! ¡Lípidus! ¡Lípidus!" ¡Ni en el circo romano! Cuando salí del taller vi a Destouches que me llamaba flexionando el dedo índice a lo "cuchi cuchi". "Pronto te veo en el París de los desfrancesados" ¡Ay, mi querido Destouches! Estaba admirado también: "¡213 de gluki gluki no lo alcanzaba ni el mismísimo Goliath!" Y me han extendido el parte de reparación: ¡aire y agua! ¡Ni siquiera forraje, por si pudiera estar en contacto con las cañas de azúcar! ¡Y a los cerdos ni mirarlos! (¿Alguien cree que se puede seguir ese consejo en esta ciudad? ¿No mirar a ningún cerdo?) ¿Y qué decir de mis "Bravas al espíritu torero"? "Una más de aquí a un siglo y le canto el entierro, señor Próspero". ¡Qué exageración! ¡No es para tanto! O no sería para tanto si estos mareos y esta asfixia me permitieran al menos pedir "socorro".
Texto extraído de "Requiem de azúcar para Próspero en la lípida selva del olvido", escrito por J.F.K.
25.12.09
Ya se olvida. Ya se olvida más. Más que ayer, más que otras veces y más perceptiblemente. Se mezclan las sentencias. Las pintadas del muro son las que son: la risa que hiere, la indiferencia que la risa provoca, el consejo de muerte en mis labios, mis manos cerradas, mis labios quemados, la mirada de los otros resbalando por mi laguna negra, los versos esparcidos como heces de perro, la confusión que se hace segundos, el móvil descuartizado por tonos que suenan como explosiones.
¿Os acordáis de King Crimson? "Knowledge is a deadly friend when no one sets the rules". "El conocimiento es un amigo mortal si nadie pone las reglas". Las reglas hace mucho tiempo que se quemaron y las sepultaron en el cofre de los totalitarismos. Ahora lo que queda es el árbol de la democracia decorado con reliquias sin alma y con exvotos sin conciencia (bolitas sin brillo de un abeto que al parecer jamás se pudrirá).
Ya se olvida. Ya se olvida más. Más que ayer, más que otras veces y más perceptiblemente. Se mezclan las sentencias. Las pintadas del muro son las que son: la risa que hiere, la indiferencia que la risa provoca, el consejo de muerte en mis labios, mis manos cerradas, mis labios quemados, la mirada de los otros resbalando por mi laguna negra, los versos esparcidos como heces de perro, la confusión que se hace segundos, el móvil descuartizado por tonos que suenan como explosiones.
¿Os acordáis de King Crimson? "Knowledge is a deadly friend when no one sets the rules". "El conocimiento es un amigo mortal si nadie pone las reglas". Las reglas hace mucho tiempo que se quemaron y las sepultaron en el cofre de los totalitarismos. Ahora lo que queda es el árbol de la democracia decorado con reliquias sin alma y con exvotos sin conciencia (bolitas sin brillo de un abeto que al parecer jamás se pudrirá).
24.12.09
20.12.09
Carta del ángel de invierno.
Estás ahí: entumecido, encorvado, con la cabeza entre los hombros. Si hace frío, pones el calefactor; si hace calor, te quitas ropa.
Ahí sabes cosas que te encorvan más, porque te sabes más solo. La pantalla es una hoja de papel y te planteas volver a visitar las Cumbres de Gredos para que la niebla te permita sentir mejor la insensibilidad que te arruga.
Quieres dejar fuera la murga de hastiados que te golpea con los nudillos del corazón. No puedes.
Has hecho tu hoja de cálculo, has revisado cosas, sabes lo que hay y sólo queda esperar lo que venga. Lo que está por delante no tiene adjetivos, no tiene palabras, es sólo un dolor físico que no llega a eso que llamabas "espíritu". Sólo en ese caso sonríes, cuando te acuerdas de todo lo que metías en ese saco del "espíritu" y del "alma". ¡Hasta hacías distinciones filosóficas! Al menos es lo que ahora te sirve para sonreír, aunque lo hagas amargamente. Por lo menos ahora estás "en la verdad" de las cosas.
Sé que hace frío ahí, en las Cumbres de Gredos. Es conveniente regar las arterias antes de que el frío las parta.
Muere dulcemente.
Carta del ángel de invierno.
Estás ahí: entumecido, encorvado, con la cabeza entre los hombros. Si hace frío, pones el calefactor; si hace calor, te quitas ropa.
Ahí sabes cosas que te encorvan más, porque te sabes más solo. La pantalla es una hoja de papel y te planteas volver a visitar las Cumbres de Gredos para que la niebla te permita sentir mejor la insensibilidad que te arruga.
Quieres dejar fuera la murga de hastiados que te golpea con los nudillos del corazón. No puedes.
Has hecho tu hoja de cálculo, has revisado cosas, sabes lo que hay y sólo queda esperar lo que venga. Lo que está por delante no tiene adjetivos, no tiene palabras, es sólo un dolor físico que no llega a eso que llamabas "espíritu". Sólo en ese caso sonríes, cuando te acuerdas de todo lo que metías en ese saco del "espíritu" y del "alma". ¡Hasta hacías distinciones filosóficas! Al menos es lo que ahora te sirve para sonreír, aunque lo hagas amargamente. Por lo menos ahora estás "en la verdad" de las cosas.
Sé que hace frío ahí, en las Cumbres de Gredos. Es conveniente regar las arterias antes de que el frío las parta.
Muere dulcemente.
14.12.09
Estamos estreñidos de semen. Y el frío no ayuda a evaporar lo que hay dentro. También andamos estreñidos de ideas y repletos de insatisfacciones. La copa parece rebosar y nada va a quedar en pie. Más bien es uno el que no va a quedar en pie, todo lo demás quedará tal cual. La tierra pide lo que es suyo y te atrae a golpe de gravedad, te aumenta, te hincha, te colma de sebo y de mierda para que te acerques rodando a ella y la beses. Por dondequiera que vas te ofrecen los frutos de la tierra balbuceando, como si fueran trofeos de vida eterna. Y lo celebran, ¡vaya si lo celebran! En bautizos, a hostias en comuniones, brindando en bodas, en cumpleaños, en aniversarios. Todo lo que sea por jamar y comulgar con la tierra. Somos gusanos que babean palabras sobre hojas de morera con olor a papel. Y ya ni siquiera eso: la baba la dejamos sobre el teclado. Pero necesitamos las copitas, las tapitas y, sobre todo -lo fundamental-: ¡el pretexto, la razón, la justificación para celebrar! El gol, la "peli", esa canción de multitudes, el viajecito; el último best seller, la penúltima agresión al intelecto en cualquiera de sus formas, los recuerdos, las pascuas, las "vacas"; los "findes", el seguir, el proseguir, el vencer cada día sobre la hoja de morera. Todo son razones para jamar y mojar hasta poder rodar sin necesidad de mover un pensamiento. El mundo se puede condensar en una gota, en una imagen, en algo, en alguien; y al mismo tiempo que se condensa convertirse en piedra. Existen tantas claves como personas y tantas personas como juegos. Hemos cambiado la rodaja del salchichón por la oblea del kebab, pero seguimos comulgando la grasa de nuestro señor. Más pobres, más gordos, más rollizos, más insoportables. El que tiene dinero y gusto sobrevive, se adapta, es capaz de desarrollarse en la selva de los escaparates y de los catálogos: eso es inteligencia y religión. Somos globales como la burbuja que sale de la boca del epiléptico mientras vomita su rabia de muerto. Pompas de jabón, burbujas de aire para el gran embolismo aéreo, fastos de moribundia.
Estamos estreñidos de semen. Y el frío no ayuda a evaporar lo que hay dentro. También andamos estreñidos de ideas y repletos de insatisfacciones. La copa parece rebosar y nada va a quedar en pie. Más bien es uno el que no va a quedar en pie, todo lo demás quedará tal cual. La tierra pide lo que es suyo y te atrae a golpe de gravedad, te aumenta, te hincha, te colma de sebo y de mierda para que te acerques rodando a ella y la beses. Por dondequiera que vas te ofrecen los frutos de la tierra balbuceando, como si fueran trofeos de vida eterna. Y lo celebran, ¡vaya si lo celebran! En bautizos, a hostias en comuniones, brindando en bodas, en cumpleaños, en aniversarios. Todo lo que sea por jamar y comulgar con la tierra. Somos gusanos que babean palabras sobre hojas de morera con olor a papel. Y ya ni siquiera eso: la baba la dejamos sobre el teclado. Pero necesitamos las copitas, las tapitas y, sobre todo -lo fundamental-: ¡el pretexto, la razón, la justificación para celebrar! El gol, la "peli", esa canción de multitudes, el viajecito; el último best seller, la penúltima agresión al intelecto en cualquiera de sus formas, los recuerdos, las pascuas, las "vacas"; los "findes", el seguir, el proseguir, el vencer cada día sobre la hoja de morera. Todo son razones para jamar y mojar hasta poder rodar sin necesidad de mover un pensamiento. El mundo se puede condensar en una gota, en una imagen, en algo, en alguien; y al mismo tiempo que se condensa convertirse en piedra. Existen tantas claves como personas y tantas personas como juegos. Hemos cambiado la rodaja del salchichón por la oblea del kebab, pero seguimos comulgando la grasa de nuestro señor. Más pobres, más gordos, más rollizos, más insoportables. El que tiene dinero y gusto sobrevive, se adapta, es capaz de desarrollarse en la selva de los escaparates y de los catálogos: eso es inteligencia y religión. Somos globales como la burbuja que sale de la boca del epiléptico mientras vomita su rabia de muerto. Pompas de jabón, burbujas de aire para el gran embolismo aéreo, fastos de moribundia.
12.12.09
Aquí en el noroeste de Ohio, allá por 1803, James y Danny Heaton encontraron el mineral que fue volviendo amarillo el río. Levantaron un alto horno aquí en la orilla y ellos hicieron las bolas de cañón que ayudaron a la Unión a ganar la guerra. Aquí en Youngstown. Aquí en Youngstown. Me estoy hundiendo, dulce Jenny, aquí en Youngstown. Mi padre trabajó en los hornos manteniéndolos más calientes que el infierno. Volví de Vietnam habiendo forjado mi carrera de soldador, un trabajo que al diablo le sentaría bien. Taconita, coque y caliza alimentaron a mis hijos y saldaron mis deudas. Con el tiempo las chimeneas parecían los brazos de Dios entre un precioso cielo de hollín y arcilla. Aquí en Youngstown, aquí en Youngstown. Me estoy hundiendo, dulce Jenny, aquí en Youngstown, querida. Así que mi padre estuvo trabajando en Ohio cuando volvió de la II Guerra Mundial. Ahora el jardín no es más que chatarra y escombros y dice: “Los mandamases hicieron lo que Hitler no pudo”. Estas fábricas fabricaron los tanques y las bombas que ganaron las guerras de este país. Mandamos a nuestros hijos a Corea y a Vietnam y ahora nos preguntamos cuál era la causa por la que murieron. Aquí en Youngstown, aquí en Youngstown. Me estoy hundiendo, dulce Jenny, aquí en Youngstown, querida. Desde el valle Monongaleh hasta la sierra de hierro de Mesabe y hasta las minas de carbón de Appalachia la historia siempre es igual. Setecientas toneladas de metal al día. Así que ahora dígame, señor, en qué ha cambiado el mundo, una vez que le he hecho rico, tan rico como para olvidar mi nombre. Aquí en Youngstown, aquí en Youngstown. Me estoy hundiendo, dulce Jenny, aquí en Youngstown, querida. Cuando muera no quiero ir al cielo, no haría bien el trabajo que hay allí. Rezo por que el diablo venga y me lleve para estar en los fogosos hornos del infierno.
Aquí en el noroeste de Ohio, allá por 1803, James y Danny Heaton encontraron el mineral que fue volviendo amarillo el río. Levantaron un alto horno aquí en la orilla y ellos hicieron las bolas de cañón que ayudaron a la Unión a ganar la guerra. Aquí en Youngstown. Aquí en Youngstown. Me estoy hundiendo, dulce Jenny, aquí en Youngstown. Mi padre trabajó en los hornos manteniéndolos más calientes que el infierno. Volví de Vietnam habiendo forjado mi carrera de soldador, un trabajo que al diablo le sentaría bien. Taconita, coque y caliza alimentaron a mis hijos y saldaron mis deudas. Con el tiempo las chimeneas parecían los brazos de Dios entre un precioso cielo de hollín y arcilla. Aquí en Youngstown, aquí en Youngstown. Me estoy hundiendo, dulce Jenny, aquí en Youngstown, querida. Así que mi padre estuvo trabajando en Ohio cuando volvió de la II Guerra Mundial. Ahora el jardín no es más que chatarra y escombros y dice: “Los mandamases hicieron lo que Hitler no pudo”. Estas fábricas fabricaron los tanques y las bombas que ganaron las guerras de este país. Mandamos a nuestros hijos a Corea y a Vietnam y ahora nos preguntamos cuál era la causa por la que murieron. Aquí en Youngstown, aquí en Youngstown. Me estoy hundiendo, dulce Jenny, aquí en Youngstown, querida. Desde el valle Monongaleh hasta la sierra de hierro de Mesabe y hasta las minas de carbón de Appalachia la historia siempre es igual. Setecientas toneladas de metal al día. Así que ahora dígame, señor, en qué ha cambiado el mundo, una vez que le he hecho rico, tan rico como para olvidar mi nombre. Aquí en Youngstown, aquí en Youngstown. Me estoy hundiendo, dulce Jenny, aquí en Youngstown, querida. Cuando muera no quiero ir al cielo, no haría bien el trabajo que hay allí. Rezo por que el diablo venga y me lleve para estar en los fogosos hornos del infierno.

