Aquí en el noroeste de Ohio, allá por 1803, James y Danny Heaton encontraron el mineral que fue volviendo amarillo el río. Levantaron un alto horno aquí en la orilla y ellos hicieron las bolas de cañón que ayudaron a la Unión a ganar la guerra. Aquí en Youngstown. Aquí en Youngstown. Me estoy hundiendo, dulce Jenny, aquí en Youngstown. Mi padre trabajó en los hornos manteniéndolos más calientes que el infierno. Volví de Vietnam habiendo forjado mi carrera de soldador, un trabajo que al diablo le sentaría bien. Taconita, coque y caliza alimentaron a mis hijos y saldaron mis deudas. Con el tiempo las chimeneas parecían los brazos de Dios entre un precioso cielo de hollín y arcilla. Aquí en Youngstown, aquí en Youngstown. Me estoy hundiendo, dulce Jenny, aquí en Youngstown, querida. Así que mi padre estuvo trabajando en Ohio cuando volvió de la II Guerra Mundial. Ahora el jardín no es más que chatarra y escombros y dice: “Los mandamases hicieron lo que Hitler no pudo”. Estas fábricas fabricaron los tanques y las bombas que ganaron las guerras de este país. Mandamos a nuestros hijos a Corea y a Vietnam y ahora nos preguntamos cuál era la causa por la que murieron. Aquí en Youngstown, aquí en Youngstown. Me estoy hundiendo, dulce Jenny, aquí en Youngstown, querida. Desde el valle Monongaleh hasta la sierra de hierro de Mesabe y hasta las minas de carbón de Appalachia la historia siempre es igual. Setecientas toneladas de metal al día. Así que ahora dígame, señor, en qué ha cambiado el mundo, una vez que le he hecho rico, tan rico como para olvidar mi nombre. Aquí en Youngstown, aquí en Youngstown. Me estoy hundiendo, dulce Jenny, aquí en Youngstown, querida. Cuando muera no quiero ir al cielo, no haría bien el trabajo que hay allí. Rezo por que el diablo venga y me lleve para estar en los fogosos hornos del infierno.
La Selva de Próspero
Sapere aude!

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