La Selva de Próspero

Sapere aude!

29.3.10

Gajos

"Líbrame de mis demonios como mis padres me libraron de vivir".

El viento es sólo un síntoma y las condiciones atmosféricas poco condicionan. No hay tiempo de condicionar ni de ser condicionado. La libertad es esto, un estado en el que balbuceas, hipnotizado por la imbecilidad de estar enfermo. Unos y otros pululan, el dolor de cabeza mantiene todo a raya y el extravío es ficticio. La miseria ha calculado bien, ¡cristianamente! Hay garabatos y mucha oscuridad (también sensación de fiebre sin fiebre y malestar sin estado). Solo, solo, solo; sin más, sin nadie, sin zapatillas: ajeno a jueces, a padres, a amigos, sin familia. ¡Tan libre como la extinguida raza de los leprosos! Ya no hay datos y sólo eres tenido en cuenta solamente por los que sobrevuelan alrededor de tu cifra moribunda y funcionaria. La cabeza está en la pica, dolorosa, dolorida, sin ojos ya. No voy a renovar mi hígado, no voy a fingir (no hay ni una sola fuerza que mover) -y tampoco soy Prometeo-. Bien sé que esto es un lóbulo fermentado por tumores que hacen desvariar a la divina diosa. Hay un pequeño buitre que vuela sobre mí. ¡Hasta ese punto da de sí el nobiliario título de "funcionario"! ¡Ni una palabra amable en años!... Mis estaciones ya no dan para más y, lógicamente, todo ha sido inútil y cristiano. Uno encuentra su media naranja en el primer tropiezo. Lo demás son rehabilitaciones de órganos tullidos. Es fácil distraerse... No se puede tanto tiempo... Cada procesión es una ristra de encadenados a la que no se puede culpar de nada. La culpa no existe. Escribo desde un mundo en el que ya no habito. ¡Demasiada gente, demasiados muertos en vida, pocos esqueletos! Cada cual toma su asiento y calla, olvida, se ignora. Han puesto ahí las imágenes. Los epiplones tocan el acordeón mientras se aplastan contra el suelo. ¿Posibilidades? Todas y ninguna. Aunque el útero escupa carne en movimiento, el pensamiento detiene las risas y todo se detiene. Los vagones transportan polvo. Cada sábana es una celda. Las señales no indican, los transportes se limitan a rodar sin nada sobre sus costillas, las luces se apagan (o no se han encendido). ¡Ni una palmatoria! ¡Todo devorado por nuestros padres! Si hay justicia y conceptos en alguna parte, proclamarían la esterilidad. ¡Qué oscuro está esto! ¡Cómo gritan las ratas contra el móvil! ¡Ni un filo que rebane la garganta y ataje la imbecilidad!... Todo son raíces al aire libre, podredumbre manifiesta, restos deshilachados sin memoria.
El ahorcado cuelga empalmado.

Gajos

"Líbrame de mis demonios como mis padres me libraron de vivir".

El viento es sólo un síntoma y las condiciones atmosféricas poco condicionan. No hay tiempo de condicionar ni de ser condicionado. La libertad es esto, un estado en el que balbuceas, hipnotizado por la imbecilidad de estar enfermo. Unos y otros pululan, el dolor de cabeza mantiene todo a raya y el extravío es ficticio. La miseria ha calculado bien, ¡cristianamente! Hay garabatos y mucha oscuridad (también sensación de fiebre sin fiebre y malestar sin estado). Solo, solo, solo; sin más, sin nadie, sin zapatillas: ajeno a jueces, a padres, a amigos, sin familia. ¡Tan libre como la extinguida raza de los leprosos! Ya no hay datos y sólo eres tenido en cuenta solamente por los que sobrevuelan alrededor de tu cifra moribunda y funcionaria. La cabeza está en la pica, dolorosa, dolorida, sin ojos ya. No voy a renovar mi hígado, no voy a fingir (no hay ni una sola fuerza que mover) -y tampoco soy Prometeo-. Bien sé que esto es un lóbulo fermentado por tumores que hacen desvariar a la divina diosa. Hay un pequeño buitre que vuela sobre mí. ¡Hasta ese punto da de sí el nobiliario título de "funcionario"! ¡Ni una palabra amable en años!... Mis estaciones ya no dan para más y, lógicamente, todo ha sido inútil y cristiano. Uno encuentra su media naranja en el primer tropiezo. Lo demás son rehabilitaciones de órganos tullidos. Es fácil distraerse... No se puede tanto tiempo... Cada procesión es una ristra de encadenados a la que no se puede culpar de nada. La culpa no existe. Escribo desde un mundo en el que ya no habito. ¡Demasiada gente, demasiados muertos en vida, pocos esqueletos! Cada cual toma su asiento y calla, olvida, se ignora. Han puesto ahí las imágenes. Los epiplones tocan el acordeón mientras se aplastan contra el suelo. ¿Posibilidades? Todas y ninguna. Aunque el útero escupa carne en movimiento, el pensamiento detiene las risas y todo se detiene. Los vagones transportan polvo. Cada sábana es una celda. Las señales no indican, los transportes se limitan a rodar sin nada sobre sus costillas, las luces se apagan (o no se han encendido). ¡Ni una palmatoria! ¡Todo devorado por nuestros padres! Si hay justicia y conceptos en alguna parte, proclamarían la esterilidad. ¡Qué oscuro está esto! ¡Cómo gritan las ratas contra el móvil! ¡Ni un filo que rebane la garganta y ataje la imbecilidad!... Todo son raíces al aire libre, podredumbre manifiesta, restos deshilachados sin memoria.
El ahorcado cuelga empalmado.

4.3.10

Nunca he sido bueno como amigo. Al menos eso dicen. No me preocupa. Tampoco me preocupa que digan de mí que tampoco he sido nunca buen enemigo.
De nuevo pedazos, pero son pedazos de vacío: ésos no duelen. Lo que destroza es la rabia.
Todo se ha cumplido.

Nunca he sido bueno como amigo. Al menos eso dicen. No me preocupa. Tampoco me preocupa que digan de mí que tampoco he sido nunca buen enemigo.
De nuevo pedazos, pero son pedazos de vacío: ésos no duelen. Lo que destroza es la rabia.
Todo se ha cumplido.

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