La Selva de Próspero
Sapere aude!
29.4.10
Nuevamente soy una rueda con forma de balón de playa. Es la repetición de lo mismo y la hora de la muerte. Yo lo sé. Me dicen que vivo en mi mundo, que no tengo vida social, que me mandan mensajes y no contesto. Sí, lo sé. Me dicen que dos meses más, ¡y el final! Sí, lo sé. Me dicen que los buitres negros tienen el tenedor y el cuchillo en sus alas y que del cuello les cuelga una servilleta blanca. Sí, lo sé. Me juzgan: que no debí, que tuvo que ser antes, que me dejé, que no me obligué... Opinan por mí: que me han olvidado, que no es así, que hay trampa, que acabarán disparando... Me preguntan el catecismo: ¿por qué he sido malo? ¿Por qué no he sido pareja? ¿Por qué me he aislado?... Y sé que me olvidan.
De todo esto lo que se deduce es que si yo estoy muerto, los demás están muertos.
24.4.10
23.4.10
Ansetobeah
Me fijaba en mi "nombre": Ansetobeah. Nació una noche de cumpleaños -mis cumpleaños siempre han sido días trágicos-. Pero el día que nació Ansetobeah en uno de mis enésimos cumpleaños era de noche, especialmente de noche. ¿Qué significa Ansetobeah? Eso ni yo mismo volveré a saberlo. Lo que sí puedo decir es que el día en que él nació se cerraron las puertas de cierta forma de vida -porque la vida, vaga, continúa-. "Ansetobeah": una creación. Hay quien diría que más que una creación es un progreso o una evolución. Yo os digo que Ansetobeah es un largo funeral.
Seguramente muchos contemporáneos del genio alemán consideraron merecida su soledad. Algunos siguen considerando que esa soledad era una condición sin la cual no se habría manifestado el genio. Yo me pregunto si la soledad existe o si es posible. Afirmo, de hecho, que la soledad -como la no comunicación- no es posible. Lo que algunos llaman "soledad" se puede aplicar a un determinado ámbito; sin embargo, en otros muchos ámbitos, no hay tal soledad, ¡todo lo contrario!, se habita entre multitudes de reconocimiento. Quizás la soledad por excelencia es la soledad del payaso: hace reír, se burlan, se ríen, escupen risas y risas; pero por dentro sólo silencio para el que habita dentro. Pero el payaso puebla la soledad con los más completos y complejos habitantes -a cambio, renuncia a los que le aíslan y se condena a la seriedad-. El que crea mundos no está hecho para la tierra (y escribo esto en el Día de la Tierra). Y para hacer mundos hay que estar enterrado en vida.
Oscilar, ver la burla y lo serio, carecer de sentido, conocer lo baldío y vacilar entre la conciencia y la inconsciencia: eso es el fruto -y también la causa- de la inmerecida soledad.
Os lo dice Próspero.
18.4.10
Esta es una casa cerrada. Por unos minutos todo está dormido, como inexistente, sumido en un estanque que no se puede describir. El silencio está bien, pero esconde algo que preocupa. Han sucedido cosas, me han sucedido, nos han sucedido y han pasado inadvertidamente... Creo que tenemos inquilinos que se harán indeseables, albergamos a quienes nos van a quitar la vida; y ya no podemos echarlos. Habría que hacer cosas y saber a quién habrá que llamar... y eso habría que hacerlo y saberlo en el mejor de los casos. El peor de los casos no nos sucede y son otros los que realizan los trámites que haya que realizar y que no nos importan. Los epicúreos sabían lo que no se hacían. Por mi parte confieso que la vida de los otros ya no me preocupa. Si hay providencia es ahora cuando debería de manifestarse. Creo que estas palabras son una llamada de auxilio lanzada por quien no quiere dejarse ayudar.
10.4.10
Ideas claras, reacciones contundentes y fundamentadas. Por ejemplo: Si siempre tú y nunca yo, desde ahora nunca tú, aunque la rabia reviente al mundo.
Ideas claras, reacciones contundentes y fundamentadas. Por ejemplo: Si siempre tú y nunca yo, desde ahora nunca tú, aunque la rabia reviente al mundo.
9.4.10
Vosotros sabéis
Vosotros sabéis que yo sé que sabéis que sé que todo está perdido. En cualquier momento me dará la pataleta y me encontraréis babeando, mirando al vacío, histérico (como un niño de los de antaño). Vosotros sabéis que vais maquinales... Huelo aromas que son recuerdos, es olor de melodías... Y sabéis que no sé estar así, sin estar, sin palabras, sin una pulsación que saque lo que hay dentro... Piernas, guantes y medias, carne adornada, ensambladura de Pinocho sin paradigma. ¿Sabéis que dicen de Gepetto que era homosexual y que le gustaba flirtear con los taxistas? A mi madre también le gustaban los taxistas con forma de libro... Y aquí me veis, vosotros sabéis, sabéis bien, como hay que saber en estos casos. Supongo que tenéis alguna canción para estos casos (otras veces habéis tenido siempre la canción oportuna, aunque el momento no fuese el oportuno). He oído risas de bebé, siseos de serpiente, lágrimas de invalidez provisional, barritos de desmemoriados: muchas canciones que vosotros recordáis cada vez que os juntáis alrededor de una mesa con pata negra y Rioja del Duero. Pero, ¿ahora? ¿Qué canción me recomendáis ahora? ¿Qué canción os recomendáis ahora que sabéis? Los grandes genios han tenido un ritmo, un vals, ¡un rigodón! Vosotros, que sabéis, ¿qué ritmo lleváis en los bolsillos? A poco que busquéis, algo encontraréis. Aunque no me importa la canción para estos casos, sino el caso, ese caso que se ha hecho plural y cuyo origen está olvidado. Pero, ¡a bailar! Es un instante mortal, un instante en que me doy cuenta de que hace mucho que no se hace nada; pero sé que lo sabéis. Y sabéis que no hay nada que hacer. ¡A bailar! Con el cáncer a cuestas, con la pierna rota, con la garganta ardiendo, con la septicemia debajo del sobaco, con las piernas oliendo a moho, con la entrepierna gangrenada, con las plantas de los pies llenas de gusanos marca "Rochefort". ¡A reír y a bailar con una rata sobre el pecho mirándola a los ojos y diciéndola "te quiero"! Una pregunta, a vosotros, en este instante una pregunta: ¿hay que honrar a un padre y a una madre cuando usan una rata reventada por el veneno como látigo? Conmigo la usaron. Yo me pringué con las vísceras de un roedor una noche de agosto, un mes después de romper con la bulímica ebriedad de un retal cuyos despojos debieron de caer en el olvido. ¡Y yo he llorado al ver cómo una rata muerta servía de látigo contra mi cara, contra mis futuras tetitas de seboso, contra mi velludo pecho! Y ahora, completa hez, residuo en sí, vosotros sabéis bien lo que ya no quiero. Sé que antes lo llamabais "calvario"; pero ahora todos, vosotros y yo, estamos mucho más despiertos y sabemos que vale más una hez que cualquier corona de calvario. ¿Verdad? He conquistado la villanía de morir sin conocer a mis padres. Mis padres no fueron ni primeros ni últimos; pero todo genio (esto, si no lo sabéis, dejad de leer) ha estado avalado por la muerte de su padre y por la supervivencia de su madre. Yo sé bien (y vosotros también sabéis) que hubiese sido más fácil para mí seducir a todas las princesas y reinas de todos los cuentos de hadas en carne y hueso antes que poder llevar freudianamente al catre a mi madre. ¡Sus puertas han sido siempre de hierro! Es buen momento este en que no hay canciones para reconocerlo. ¿Tenéis alguna nana? ¿Algún canto de baboso? ¿Algún inmundo balbuceo que con el tiempo se convertirá en guadaña? ¡Dejádmelo! Hace gracia a mis encerados oídos... ¡Basta! Es hora de cenar y comulgar, hora de sudar la sábana y de mojar la almohada, hora de abrir los exutorios y de partir los huesos del cráneo. ¿Os apetece un vino rojo como la sangre de los toros? ¡Venid conmigo! Pero antes, "el cuerpo de Zaratustra", "¡Amén!". Os declaro "selváticos". Podéis habitar la luz que nace de aquí los que como yo carecéis de todo progenitor.
Vosotros sabéis
Vosotros sabéis que yo sé que sabéis que sé que todo está perdido. En cualquier momento me dará la pataleta y me encontraréis babeando, mirando al vacío, histérico (como un niño de los de antaño). Vosotros sabéis que vais maquinales... Huelo aromas que son recuerdos, es olor de melodías... Y sabéis que no sé estar así, sin estar, sin palabras, sin una pulsación que saque lo que hay dentro... Piernas, guantes y medias, carne adornada, ensambladura de Pinocho sin paradigma. ¿Sabéis que dicen de Gepetto que era homosexual y que le gustaba flirtear con los taxistas? A mi madre también le gustaban los taxistas con forma de libro... Y aquí me veis, vosotros sabéis, sabéis bien, como hay que saber en estos casos. Supongo que tenéis alguna canción para estos casos (otras veces habéis tenido siempre la canción oportuna, aunque el momento no fuese el oportuno). He oído risas de bebé, siseos de serpiente, lágrimas de invalidez provisional, barritos de desmemoriados: muchas canciones que vosotros recordáis cada vez que os juntáis alrededor de una mesa con pata negra y Rioja del Duero. Pero, ¿ahora? ¿Qué canción me recomendáis ahora? ¿Qué canción os recomendáis ahora que sabéis? Los grandes genios han tenido un ritmo, un vals, ¡un rigodón! Vosotros, que sabéis, ¿qué ritmo lleváis en los bolsillos? A poco que busquéis, algo encontraréis. Aunque no me importa la canción para estos casos, sino el caso, ese caso que se ha hecho plural y cuyo origen está olvidado. Pero, ¡a bailar! Es un instante mortal, un instante en que me doy cuenta de que hace mucho que no se hace nada; pero sé que lo sabéis. Y sabéis que no hay nada que hacer. ¡A bailar! Con el cáncer a cuestas, con la pierna rota, con la garganta ardiendo, con la septicemia debajo del sobaco, con las piernas oliendo a moho, con la entrepierna gangrenada, con las plantas de los pies llenas de gusanos marca "Rochefort". ¡A reír y a bailar con una rata sobre el pecho mirándola a los ojos y diciéndola "te quiero"! Una pregunta, a vosotros, en este instante una pregunta: ¿hay que honrar a un padre y a una madre cuando usan una rata reventada por el veneno como látigo? Conmigo la usaron. Yo me pringué con las vísceras de un roedor una noche de agosto, un mes después de romper con la bulímica ebriedad de un retal cuyos despojos debieron de caer en el olvido. ¡Y yo he llorado al ver cómo una rata muerta servía de látigo contra mi cara, contra mis futuras tetitas de seboso, contra mi velludo pecho! Y ahora, completa hez, residuo en sí, vosotros sabéis bien lo que ya no quiero. Sé que antes lo llamabais "calvario"; pero ahora todos, vosotros y yo, estamos mucho más despiertos y sabemos que vale más una hez que cualquier corona de calvario. ¿Verdad? He conquistado la villanía de morir sin conocer a mis padres. Mis padres no fueron ni primeros ni últimos; pero todo genio (esto, si no lo sabéis, dejad de leer) ha estado avalado por la muerte de su padre y por la supervivencia de su madre. Yo sé bien (y vosotros también sabéis) que hubiese sido más fácil para mí seducir a todas las princesas y reinas de todos los cuentos de hadas en carne y hueso antes que poder llevar freudianamente al catre a mi madre. ¡Sus puertas han sido siempre de hierro! Es buen momento este en que no hay canciones para reconocerlo. ¿Tenéis alguna nana? ¿Algún canto de baboso? ¿Algún inmundo balbuceo que con el tiempo se convertirá en guadaña? ¡Dejádmelo! Hace gracia a mis encerados oídos... ¡Basta! Es hora de cenar y comulgar, hora de sudar la sábana y de mojar la almohada, hora de abrir los exutorios y de partir los huesos del cráneo. ¿Os apetece un vino rojo como la sangre de los toros? ¡Venid conmigo! Pero antes, "el cuerpo de Zaratustra", "¡Amén!". Os declaro "selváticos". Podéis habitar la luz que nace de aquí los que como yo carecéis de todo progenitor.
6.4.10
Impertérrito, sepulcral, ubicuo; lacerado y siniestro, abigarrado y torpe, fulgente y espaciado: ¡libre y suelto! ¡Escapado! Así el cielo y la tierra; y papá, papá ahí, papá como un émbolo embolado, perfecto y palatino, ¡casi insalubre!... ¡Y todo en un corto espacio de tiempo! ¿Y mamá? ¡Ay, mamá, mamá, mamá! Concesiva y anulada, recidiva de la infancia, flamante y humillante... ¡Ay, ay, ay!
Impertérrito, sepulcral, ubicuo; lacerado y siniestro, abigarrado y torpe, fulgente y espaciado: ¡libre y suelto! ¡Escapado! Así el cielo y la tierra; y papá, papá ahí, papá como un émbolo embolado, perfecto y palatino, ¡casi insalubre!... ¡Y todo en un corto espacio de tiempo! ¿Y mamá? ¡Ay, mamá, mamá, mamá! Concesiva y anulada, recidiva de la infancia, flamante y humillante... ¡Ay, ay, ay!
