Seguramente muchos contemporáneos del genio alemán consideraron merecida su soledad. Algunos siguen considerando que esa soledad era una condición sin la cual no se habría manifestado el genio. Yo me pregunto si la soledad existe o si es posible. Afirmo, de hecho, que la soledad -como la no comunicación- no es posible. Lo que algunos llaman "soledad" se puede aplicar a un determinado ámbito; sin embargo, en otros muchos ámbitos, no hay tal soledad, ¡todo lo contrario!, se habita entre multitudes de reconocimiento. Quizás la soledad por excelencia es la soledad del payaso: hace reír, se burlan, se ríen, escupen risas y risas; pero por dentro sólo silencio para el que habita dentro. Pero el payaso puebla la soledad con los más completos y complejos habitantes -a cambio, renuncia a los que le aíslan y se condena a la seriedad-. El que crea mundos no está hecho para la tierra (y escribo esto en el Día de la Tierra). Y para hacer mundos hay que estar enterrado en vida.
Oscilar, ver la burla y lo serio, carecer de sentido, conocer lo baldío y vacilar entre la conciencia y la inconsciencia: eso es el fruto -y también la causa- de la inmerecida soledad.
Os lo dice Próspero.

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