Vosotros sabéis
Vosotros sabéis que yo sé que sabéis que sé que todo está perdido. En cualquier momento me dará la pataleta y me encontraréis babeando, mirando al vacío, histérico (como un niño de los de antaño). Vosotros sabéis que vais maquinales... Huelo aromas que son recuerdos, es olor de melodías... Y sabéis que no sé estar así, sin estar, sin palabras, sin una pulsación que saque lo que hay dentro... Piernas, guantes y medias, carne adornada, ensambladura de Pinocho sin paradigma. ¿Sabéis que dicen de Gepetto que era homosexual y que le gustaba flirtear con los taxistas? A mi madre también le gustaban los taxistas con forma de libro... Y aquí me veis, vosotros sabéis, sabéis bien, como hay que saber en estos casos. Supongo que tenéis alguna canción para estos casos (otras veces habéis tenido siempre la canción oportuna, aunque el momento no fuese el oportuno). He oído risas de bebé, siseos de serpiente, lágrimas de invalidez provisional, barritos de desmemoriados: muchas canciones que vosotros recordáis cada vez que os juntáis alrededor de una mesa con pata negra y Rioja del Duero. Pero, ¿ahora? ¿Qué canción me recomendáis ahora? ¿Qué canción os recomendáis ahora que sabéis? Los grandes genios han tenido un ritmo, un vals, ¡un rigodón! Vosotros, que sabéis, ¿qué ritmo lleváis en los bolsillos? A poco que busquéis, algo encontraréis. Aunque no me importa la canción para estos casos, sino el caso, ese caso que se ha hecho plural y cuyo origen está olvidado. Pero, ¡a bailar! Es un instante mortal, un instante en que me doy cuenta de que hace mucho que no se hace nada; pero sé que lo sabéis. Y sabéis que no hay nada que hacer. ¡A bailar! Con el cáncer a cuestas, con la pierna rota, con la garganta ardiendo, con la septicemia debajo del sobaco, con las piernas oliendo a moho, con la entrepierna gangrenada, con las plantas de los pies llenas de gusanos marca "Rochefort". ¡A reír y a bailar con una rata sobre el pecho mirándola a los ojos y diciéndola "te quiero"! Una pregunta, a vosotros, en este instante una pregunta: ¿hay que honrar a un padre y a una madre cuando usan una rata reventada por el veneno como látigo? Conmigo la usaron. Yo me pringué con las vísceras de un roedor una noche de agosto, un mes después de romper con la bulímica ebriedad de un retal cuyos despojos debieron de caer en el olvido. ¡Y yo he llorado al ver cómo una rata muerta servía de látigo contra mi cara, contra mis futuras tetitas de seboso, contra mi velludo pecho! Y ahora, completa hez, residuo en sí, vosotros sabéis bien lo que ya no quiero. Sé que antes lo llamabais "calvario"; pero ahora todos, vosotros y yo, estamos mucho más despiertos y sabemos que vale más una hez que cualquier corona de calvario. ¿Verdad? He conquistado la villanía de morir sin conocer a mis padres. Mis padres no fueron ni primeros ni últimos; pero todo genio (esto, si no lo sabéis, dejad de leer) ha estado avalado por la muerte de su padre y por la supervivencia de su madre. Yo sé bien (y vosotros también sabéis) que hubiese sido más fácil para mí seducir a todas las princesas y reinas de todos los cuentos de hadas en carne y hueso antes que poder llevar freudianamente al catre a mi madre. ¡Sus puertas han sido siempre de hierro! Es buen momento este en que no hay canciones para reconocerlo. ¿Tenéis alguna nana? ¿Algún canto de baboso? ¿Algún inmundo balbuceo que con el tiempo se convertirá en guadaña? ¡Dejádmelo! Hace gracia a mis encerados oídos... ¡Basta! Es hora de cenar y comulgar, hora de sudar la sábana y de mojar la almohada, hora de abrir los exutorios y de partir los huesos del cráneo. ¿Os apetece un vino rojo como la sangre de los toros? ¡Venid conmigo! Pero antes, "el cuerpo de Zaratustra", "¡Amén!". Os declaro "selváticos". Podéis habitar la luz que nace de aquí los que como yo carecéis de todo progenitor.

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio