Se acerca el calor. Un disparo, tomate, ratas. Las torres deben caer. Sangre, rubor, neuronas y un café que te apague el hambre. ¡Caramelo! Batiburrillo. Y un cardo que carda la acritud. ¡Qué mierda! Mis tiempos pasados, mis pasados, casi sin humor, más verdes: disparos a raudales. ¡Aluvión! ¡Te aguantas! Y un insulto... Más, menos... ¡Tu padre! Y todo es rueda sin respetos, abalorios profanos, promesas, inutilidad. Lo sé, lo sabes, no me importas, te callas... ¡A la mierda! Y las torres cayendo, aplausos... ¡Y ni una gota de sangre! ¡Continente de cenizas! Más fuego y no nacéis. Es así. Me voy. ¡A la mierda! Tu puto orgullo, los buitres del alba, el pequeño pecho envenenado de altitudes bien bajas: ¡asco para cualquier cruz que brille en una idea! Espasmos, balsas de carne por los aires, acendrados defectos: los cínicos salen a la calle. ¿Gusta usted? Y te plantan un niño muerto... ¡en la cara! ¡En toda la jeta! Así da gusto apagar velas a balazos. ¿Me compra este ramito? Cambiemos de tercio y pidamos una Mahou con salmonetes frente a la playa. ¿Playa? La que sangra desde las narices. Vámonos al metro y muramos.
La Selva de Próspero
Sapere aude!
31.5.10
26.5.10
Confieso que cuando algunos confiesan sus penas (ruego se me perdone) me da la impresión de estar frente a un pajillero borracho. [¡Qué asco! ¡Escribí "pajillero"! ¿No tenía otro término? ¿No tenía otra expresión? Sí, es posible. Pude escribir: "Cuando alguien expresa su sufrimiento es egoísta e insolidario, no muere por los otros, se ensalza: carece de la dignidad de hacerse cero y dejar un hueco que en nada se diferencie de un pleno". Pero no escribí eso. No. Llamé "pajillero" a quien muestra y exhibe el sufrimiento. Es como si me sentase con las piernas cruzadas en un despampanante sillón y todo aquello que no me agradara fuese víctima de mi juicio. Pero no es así, no, no es así. Ni tengo sillón, ni tengo juicio, ni tengo piernas; conque nada se me puede objetar]. Confieso que cuando algunos confiesan no me creo que confiesen nada. Mientras cada homínido tenga su pene y su vagina no habrá pudor para poder confesar.
Pero, hablando de otra cosa: ¿sabe el mundo que estoy sin un duro? Es real, no es literatura. Lo juro. Nada: números rojos, deudas, me echan de donde vivo. [Y si es así, os preguntaréis, ¿no enfatizo más la pena? ¿No me puedo esmerar un poquito en suscitar la compasión o la ayuda? Parece que me haya puesto a teclear en estado de asepsia. Seguro que os estáis haciendo esas preguntas. Pero no puedo hacer más que esperar que me pongan de patitas en el lodo]. Estoy, resumiendo, como el resto del mundo: sin un duro, sin familia, enfermo; sin un lugar donde caerme muerto, sin ilusión, a punto de perder el trabajo. No encuentro diferencia entre Céline noches antes de morir y yo, para que os hagáis una idea.
Lo sé, lo sé, intuyo el juicio: he sido un pajillero borracho.
El 16 de mayo murió Ronnie James Dio. Casi todos los momentos más memorables (para bien o para mal) de mi vida están vinculados a esa voz y a los acordes de la guitarra de Blackmore. La voz (la que para mí fue "la voz") se ha ido. Quedan las letras, quedan los registros, queda lo que puede y debe quedar. En mi móvil, desde hace tiempo, tengo como melodía una canción de Rainbow. No puse esa melodía "porque sí"... La puse porque llegué a la conclusión de que todo lo agradable o gratificante que pudiera haber en mi vida ya era muy escaso y mis amigos inexistentes. Cada llamada (con una excepción) es un recuerdo de que alguien se acuerda de mí para el descabello, para el tiro de gracia, para la penúltima tortura: por eso es bueno hacer ese instante un poquito más acogedor con la canción más excelsa (en mi opinión, siempre en la nauseabunda y putrefacta opinión de alguien que considera que nada humano le es anejo -con una excepción-).
No sé por qué escribo esto. No sé por qué escribo. Cada vez escribo menos. Realmente no sé nada. Todo lo ha consumido el odio (con una excepción).
20.5.10
Soy de sonrisa fácil (dicen), soy de crueldad acérrima (dicen), soy inconstante (dicen). Tengo que sonreír, tengo que bajar la cabeza, tengo que usar máscara. Y, ¡por supuesto!, tengo que seguir así, a ras de suelo y más bajo (si se puede; aunque, ¡sí!, ¡claro que sí!, siempre se puede más bajo).
El mar de la muerte
El silencio, el dolor, la atrofia, la dejadez... Meras denominaciones para continuar. ¿Nunca se estuvo peor? ¿Nunca estuve peor? Relativamente. Sí, "relativamente"; porque antes tenía dos manos para caer y ahora sólo una. "Relativamente", porque ha habido un pequeño gran éxito en la gran caída. En el fondo estoy bien. Basta que uno diga que está bien para que al día siguiente le demos curro a los enterradores y a los forenses. He de decir que cuando hablo a los demás y siento que asienten me siento más seguro; no sé de qué, pero me siento más seguro. Las alabanzas y los elogios de los otros basta que sean de los otros para que estén equivocados. De ahí que no es la alabanza ni el asentimiento de los demás lo que me hace sentir más seguro. Tal vez es la sensación de que mi palabra puede ser una máscara perfecta para moverme entre desconocidos y poder así buscar una buena muerte en la mala muerte del día a día. Por otro lado, como siempre: soy plenamente consciente de que si hubo algo bueno está a años luz de este punto sin retorno. Ya sólo queda buscar el final menos malo o aceptar el final que venga. El mar en el que navego y en el que naufragaré está hecho de las mismas olas: el silencio, el dolor, la atrofia, la dejadez...
2.5.10
Día de la madre.
Redacción sobre este día encomendada a un niño muerto.
Mi madre me dio a luz un día. Mi madre lo fue de mí y está escrito. Tu madre lo fue de ti, su madre lo fue de él y/o de ella.
La madre nos llevó en su vientre. ¿Cómo fue esto? ¿Cómo fuimos a parar allí? No quiero respuestas.
No he regalado nada a mi madre. Profesora, yo no pedí nacer y me han hecho maldecir la hora de mi nacimiento. La naturaleza nos echa de vientres maternos y nos convierte en hijos. ¿Por qué hemos de tomar y tener conciencia de ello, profesora?
Hoy es el día en el que hay que recordar que somos hijos, porque si hay una madre, hay un hijo.
Profesora, el 30 de abril Jesucristo García bajó de los cielos pidiendo amnistía… Y dos días después es el día de todas las madres. ¿No le preocupa, profesora, que por un casual su madre hubiese sido virgen después de que usted naciera?
Profesora, prefiero hacer una redacción de otra cosa. Por ejemplo, de la triple divinidad del dolor: Yyoati, Ytuami e Ytumas; los dioses de la reciprocidad, el resentimiento y el reproche. Prefiero esos temas, profesora. De hecho, es un tema vinculado al día de la madre. Pongo un ejemplo:
Madre: “Hijo, te quiero”.
Hijo: “Yyoati mama”.
Madre: “Me has despreciado hijo y me has hecho daño”.
Hijo: “Ytuami mama”.
Madre: “Eres un desagradecido, un insensible, un egoísta, hijo”.
Hijo: “Ytumas mama”.
No puedo más, profesora.
Redacción sobre este día encomendada a un niño muerto.
Mi madre me dio a luz un día. Mi madre lo fue de mí y está escrito. Tu madre lo fue de ti, su madre lo fue de él y/o de ella.
La madre nos llevó en su vientre. ¿Cómo fue esto? ¿Cómo fuimos a parar allí? No quiero respuestas.
No he regalado nada a mi madre. Profesora, yo no pedí nacer y me han hecho maldecir la hora de mi nacimiento. La naturaleza nos echa de vientres maternos y nos convierte en hijos. ¿Por qué hemos de tomar y tener conciencia de ello, profesora?
Hoy es el día en el que hay que recordar que somos hijos, porque si hay una madre, hay un hijo.
Profesora, el 30 de abril Jesucristo García bajó de los cielos pidiendo amnistía… Y dos días después es el día de todas las madres. ¿No le preocupa, profesora, que por un casual su madre hubiese sido virgen después de que usted naciera?
Profesora, prefiero hacer una redacción de otra cosa. Por ejemplo, de la triple divinidad del dolor: Yyoati, Ytuami e Ytumas; los dioses de la reciprocidad, el resentimiento y el reproche. Prefiero esos temas, profesora. De hecho, es un tema vinculado al día de la madre. Pongo un ejemplo:
Madre: “Hijo, te quiero”.
Hijo: “Yyoati mama”.
Madre: “Me has despreciado hijo y me has hecho daño”.
Hijo: “Ytuami mama”.
Madre: “Eres un desagradecido, un insensible, un egoísta, hijo”.
Hijo: “Ytumas mama”.
No puedo más, profesora.
[Nota del compilador:
Es posible que una profesora al límite de su mentira respondiese lo siguiente a quienes promovieron la redacción:
"No puedo más, estimado Corte Inglés, estimados grandes almacenes del mundo, estimado comercio del mundo. Cada causa es un euro o un dólar o una rupia; por eso todas las causas son iguales. Los huérfanos de toda moneda carecemos del amor de una madre o del respeto a nada noble, porque la nobleza es un flujo inmundo e inconstante. ¿Dónde está la bomba que con forma de neurona haga cenizas esta bola? Yyoati te maldigo, Ytuami me importas una mierda, Ytumas me resultas despreciable".]
