El 16 de mayo murió Ronnie James Dio. Casi todos los momentos más memorables (para bien o para mal) de mi vida están vinculados a esa voz y a los acordes de la guitarra de Blackmore. La voz (la que para mí fue "la voz") se ha ido. Quedan las letras, quedan los registros, queda lo que puede y debe quedar. En mi móvil, desde hace tiempo, tengo como melodía una canción de Rainbow. No puse esa melodía "porque sí"... La puse porque llegué a la conclusión de que todo lo agradable o gratificante que pudiera haber en mi vida ya era muy escaso y mis amigos inexistentes. Cada llamada (con una excepción) es un recuerdo de que alguien se acuerda de mí para el descabello, para el tiro de gracia, para la penúltima tortura: por eso es bueno hacer ese instante un poquito más acogedor con la canción más excelsa (en mi opinión, siempre en la nauseabunda y putrefacta opinión de alguien que considera que nada humano le es anejo -con una excepción-).
No sé por qué escribo esto. No sé por qué escribo. Cada vez escribo menos. Realmente no sé nada. Todo lo ha consumido el odio (con una excepción).

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