El mar de la muerte
El silencio, el dolor, la atrofia, la dejadez... Meras denominaciones para continuar. ¿Nunca se estuvo peor? ¿Nunca estuve peor? Relativamente. Sí, "relativamente"; porque antes tenía dos manos para caer y ahora sólo una. "Relativamente", porque ha habido un pequeño gran éxito en la gran caída. En el fondo estoy bien. Basta que uno diga que está bien para que al día siguiente le demos curro a los enterradores y a los forenses. He de decir que cuando hablo a los demás y siento que asienten me siento más seguro; no sé de qué, pero me siento más seguro. Las alabanzas y los elogios de los otros basta que sean de los otros para que estén equivocados. De ahí que no es la alabanza ni el asentimiento de los demás lo que me hace sentir más seguro. Tal vez es la sensación de que mi palabra puede ser una máscara perfecta para moverme entre desconocidos y poder así buscar una buena muerte en la mala muerte del día a día. Por otro lado, como siempre: soy plenamente consciente de que si hubo algo bueno está a años luz de este punto sin retorno. Ya sólo queda buscar el final menos malo o aceptar el final que venga. El mar en el que navego y en el que naufragaré está hecho de las mismas olas: el silencio, el dolor, la atrofia, la dejadez...

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