31.5.10

Se acerca el calor. Un disparo, tomate, ratas. Las torres deben caer. Sangre, rubor, neuronas y un café que te apague el hambre. ¡Caramelo! Batiburrillo. Y un cardo que carda la acritud. ¡Qué mierda! Mis tiempos pasados, mis pasados, casi sin humor, más verdes: disparos a raudales. ¡Aluvión! ¡Te aguantas! Y un insulto... Más, menos... ¡Tu padre! Y todo es rueda sin respetos, abalorios profanos, promesas, inutilidad. Lo sé, lo sabes, no me importas, te callas... ¡A la mierda! Y las torres cayendo, aplausos... ¡Y ni una gota de sangre! ¡Continente de cenizas! Más fuego y no nacéis. Es así. Me voy. ¡A la mierda! Tu puto orgullo, los buitres del alba, el pequeño pecho envenenado de altitudes bien bajas: ¡asco para cualquier cruz que brille en una idea! Espasmos, balsas de carne por los aires, acendrados defectos: los cínicos salen a la calle. ¿Gusta usted? Y te plantan un niño muerto... ¡en la cara! ¡En toda la jeta! Así da gusto apagar velas a balazos. ¿Me compra este ramito? Cambiemos de tercio y pidamos una Mahou con salmonetes frente a la playa. ¿Playa? La que sangra desde las narices. Vámonos al metro y muramos.

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