De lo que te alimentas nacen tus pensamientos. Vives pensando en un punto lejano; por ejemplo: asistir a la boda de tu hijo cuando ni siquiera tienes un hijo. Te nutres de experiencias frustradas que no muestran su frustración, sino el orgullo de su frustración. Por eso, cuando hablas con alguien piensas que está mejor que tú, que ha triunfado; y sin embargo su vida está rota y si se la mostrasen tal como es en un espejo se hundiría, no la reconocería y desearía olvidar por encima de todas las cosas. Te nutres de las esperanzas de otros: hay que tener un hijo, fundar una familia, escribir un libro, plantar un árbol. ¡Hay que prosperar, hacer que los talentos den fruto! Y con esa parábola que desde niño llevas dentro te amargan el presente, te lo destruyen; y cada paso que intentas dar no sabes hacia dónde dirigirlo. Te dicen que te plantees metas para los objetivos, pero no sabes a qué objetivos mirar. Te dicen que te plantees pequeños objetivos para conseguir los más grandes, pero al final todo es un caos. Luego está la absoluta certeza, que a otros parece faltar, de que en esta vida nada dura. Pero te dicen que por esa regla de tres nadie haría nada, porque la vida es una partida perdida de antemano. Y sin embargo tú estás tan cierto de ello que los pasos se hunden en cada instante. "Vivir la vida" te dicen, "aprovechar el instante" y para ti es un absurdo. Y ese absurdo te quema; hay muchos momentos en que olvidas centrándote en las molestias, en los malestares, en esa mano, en esa hernia... en muchas cosas más. Si como hace años no hubiese problemas físicos, te centrarías en tus obsesiones, en las depresiones, en el afán de dependencia. Sin llegar a un grado patológico te perderías en ese laberinto, porque al fin y al cabo cada día que pasa es un modo de distraer ese aburrimiento que no tiene cura, porque es el mal esencial de cada hombre. Y cuando te pilla en esos instantes en que los demás te enseñan a su hijo o a su coche o a su chalet te sientes hundido, fracasado, incluso crees que cuando calificas a los demás de fracasados por haber obtenido cosas que van a morir piensas que habla tu resentimiento o tu envidia y te vuelves a hundir. Yo te digo, y puedes considerar que yo soy un ángel o la conciencia -da lo mismo-, que vivas cada día sabiendo que hace mucho, mucho, mucho tiempo que tu voluntad aprendió la lección de morir a tiempo. Lo que ha quedado es un inmenso vacío que nada ni nadie va a poblar. En el terreno de tu día a día no hay espacio ni tiempo. Estás viviendo un sueño, una irrealidad a la que prestas la intensidad de tus sentidos. Tus sentidos son alarmas, amplificadores de lo que te rodea; y tu atención es la que puebla los alrededores de lo que llamas "vida". Lo puebla de dolores, de temores, de angustia, de ausencias, de enfermedades, de peligros, de derrotas. No. No hay nada de eso ni de sus contrarios en esta muerte que estás viviendo. Y nadie te va a escuchar, ni te va a leer, ni va a estar de acuerdo contigo. Te darán ánimos, dirán que estás "depre", hablarán de tu tristeza, de tu falta de movimiento, de tu sedentarismo, de tu inactividad. No querrán ver, porque no pueden ver lo que hay detrás. Si rompieran el espejo se encontrarían con la realidad de todo lo que hay detrás: su propia muerte, la de sus hijos, la de sus nietos; la pérdida de sus bienes, la pérdida de su gloria. ¡Y eso es duro! Asumirlo es estar muerto como tú lo estás.