La Selva de Próspero

Sapere aude!

29.6.10

¡Cumpleaños feliz!

Me lo canto a mí mismo. Dicen que la vida es puta y que tiene el culo muy usado.
¡Feliz cumpleaños, Ansetobeah! ¿Cuántos? ¡Ja! Tantos como balazos debería de tener la corona de espinas de cualquier salvador.
Todos sabéis que Ansetobeah nació en uno de mis cumpleaños. ¡Cómo olvidarlo! Pues bien, hoy finaliza un cumpleaños más de Ansetobeah. ¡Larga vida a la tragedia de morir en vida!

20.6.10

La voz de Melencolía.

De lo que te alimentas nacen tus pensamientos. Vives pensando en un punto lejano; por ejemplo: asistir a la boda de tu hijo cuando ni siquiera tienes un hijo. Te nutres de experiencias frustradas que no muestran su frustración, sino el orgullo de su frustración. Por eso, cuando hablas con alguien piensas que está mejor que tú, que ha triunfado; y sin embargo su vida está rota y si se la mostrasen tal como es en un espejo se hundiría, no la reconocería y desearía olvidar por encima de todas las cosas. Te nutres de las esperanzas de otros: hay que tener un hijo, fundar una familia, escribir un libro, plantar un árbol. ¡Hay que prosperar, hacer que los talentos den fruto! Y con esa parábola que desde niño llevas dentro te amargan el presente, te lo destruyen; y cada paso que intentas dar no sabes hacia dónde dirigirlo. Te dicen que te plantees metas para los objetivos, pero no sabes a qué objetivos mirar. Te dicen que te plantees pequeños objetivos para conseguir los más grandes, pero al final todo es un caos. Luego está la absoluta certeza, que a otros parece faltar, de que en esta vida nada dura. Pero te dicen que por esa regla de tres nadie haría nada, porque la vida es una partida perdida de antemano. Y sin embargo tú estás tan cierto de ello que los pasos se hunden en cada instante. "Vivir la vida" te dicen, "aprovechar el instante" y para ti es un absurdo. Y ese absurdo te quema; hay muchos momentos en que olvidas centrándote en las molestias, en los malestares, en esa mano, en esa hernia... en muchas cosas más. Si como hace años no hubiese problemas físicos, te centrarías en tus obsesiones, en las depresiones, en el afán de dependencia. Sin llegar a un grado patológico te perderías en ese laberinto, porque al fin y al cabo cada día que pasa es un modo de distraer ese aburrimiento que no tiene cura, porque es el mal esencial de cada hombre. Y cuando te pilla en esos instantes en que los demás te enseñan a su hijo o a su coche o a su chalet te sientes hundido, fracasado, incluso crees que cuando calificas a los demás de fracasados por haber obtenido cosas que van a morir piensas que habla tu resentimiento o tu envidia y te vuelves a hundir. Yo te digo, y puedes considerar que yo soy un ángel o la conciencia -da lo mismo-, que vivas cada día sabiendo que hace mucho, mucho, mucho tiempo que tu voluntad aprendió la lección de morir a tiempo. Lo que ha quedado es un inmenso vacío que nada ni nadie va a poblar. En el terreno de tu día a día no hay espacio ni tiempo. Estás viviendo un sueño, una irrealidad a la que prestas la intensidad de tus sentidos. Tus sentidos son alarmas, amplificadores de lo que te rodea; y tu atención es la que puebla los alrededores de lo que llamas "vida". Lo puebla de dolores, de temores, de angustia, de ausencias, de enfermedades, de peligros, de derrotas. No. No hay nada de eso ni de sus contrarios en esta muerte que estás viviendo. Y nadie te va a escuchar, ni te va a leer, ni va a estar de acuerdo contigo. Te darán ánimos, dirán que estás "depre", hablarán de tu tristeza, de tu falta de movimiento, de tu sedentarismo, de tu inactividad. No querrán ver, porque no pueden ver lo que hay detrás. Si rompieran el espejo se encontrarían con la realidad de todo lo que hay detrás: su propia muerte, la de sus hijos, la de sus nietos; la pérdida de sus bienes, la pérdida de su gloria. ¡Y eso es duro! Asumirlo es estar muerto como tú lo estás.

19.6.10

La última primavera

Esta ha sido la última primavera. Ya no habrá más primaveras. Finalmente no vi los almendros en flor, pero tampoco se cumplieron otras muchas cosas. Todo aquello que se va dejando acaba por no existir. Ni mi hijo ni mi hogar ni mi familia: todo eso queda en una imaginación que me abstengo de calificar. La última primavera, no obstante, ha sido liviana y no ha clavado fuerte las agujas; aunque sus disparos han sido certeros y letales. Se podría decir que no se ha ensañado y que se ha limitado a indicar lo que hay. Se puede decir que los que sabían -o podían- jugar sus cartas las han jugado. No les culpo. El ser humano -y esta es una ley universal por más que los puristas lo nieguen- aprovecha a sus semejantes en la vida y en la muerte. Dicen que del cerdo se aprovecha todo, hasta los andares. Del ser humano también aprovechan todo: basta una firma para legitimar el descuartizamiento post mortem y limpiar los remordimientos (si, cosa rara, los hubiere). Ser consciente de cómo ha sido barrido uno de la vida no añade ni quita nada. Los lamentos son sólo el fruto del resentimiento. Aquí no cantan los cisnes. Aquí no hay cisnes ni patitos feos (eso es un cuento que huele a Biblia). La vida vista desde la frontera descubre sus vísceras y es entonces cuando uno se siente orgulloso de abandonarla. Se siente uno, aun sin estarlo, fuera de la manada y de los despropósitos. Y sólo aquí, en esta página o en este fragmento de selva, puede uno manifestar la decepción y el despertar. Esta última primavera ha sido eso: un definitivo despertar que muestra que lo que se soñaba era cierto. Ahora el verano que está a punto de amanecer reventará el cuerpo y descompondrá los cadáveres.

18.6.10

No hay que darse a conocer demasiado. Hay que morir en paz, sencillamente. Hay que pasar desapercibido. Los demás no existen si no están en la memoria. Y la mejor manera de que un enemigo común desapareciera de la vida sería arrancarlo de la memoria -de la memoria común-.

12.6.10

El móvil ha escupido un "te quiero" para disimular el asco. Las paredes se han adornado de un "tú" idiosincrásico que me escupe el rechazo. Mis recomendaciones carecen por completo de la acción correctiva de la atención. Los que vegetan en la adolescencia aún mantienen su almita y su penita por los dolores del mundo (no sin antes empolvarse los morritos de lágrimas). Cualquier "¡Boniiiiito túúúúúú!" tiene más solera para las buenas costumbres que cualquier "Tenemos que anunciarles una gran tragedia que ha tenido lugar". ¿Cómo pegar patadas a lo que se quiere despreciar? ¿Cómo? ¿Cómo conseguir el estado adulto en el que se celebren los partidos con cabezas y no con balones? Ahora resulta imposible constituir un temperamento si funcionan plenamente los sentidos... En fin... Dejemos que este borrador se guarde automáticamente. La rabia precede a la muerte (definitiva o cotidiana... ¡qué más da!).

11.6.10

Hay que coger un puñado de páginas escritas por aquéllos que fueron leídos por nuestros ojos y mezclar las líneas. Pero, ¿qué interés mueve a la voluntad para que ponga sus manos a trabajar? Y lo más urgente: ¿qué manos, si los brazos han sido amputados? Hay una atrofia... Pero, antes que nada, antes que nada, ¿me da usted cinco euros para convertirlos en vino? ¡Gracias! Prometo convertir el vino en letras del tesoro más preciado para mí: la rabia... Ya reemprendo la marcha, arrancando en primera, con toda la potencia del mundo, echando el alma hacia delante y la acedia hacia atrás. Pero, pero... ¡algo falla! Algo, especialmente, falla. Es la rueda de la barriga o el motor de la espalda (porque yo hago la digestión de espaldas). Imagino que todo el mundo de buena voluntad (y el mundo entero es una inmensa y buena voluntad) me deja pagada una copa, mientras que Dios me paga un nuevo estómago y un nuevo cuerpo. "Ahí tienes". ¡La gran frase! "Ahí tienes". Entonces todo se vuelve estocástico, probabilístico, aleatorio... ¡como un viernes escapado de una semana escapada de un mes! Y los genios se revuelven y juegan a no jugar más que cuando sea innecesario. Cojo los cubiletes, ¿dónde está la bolita? ¡Venga! ¡Ánimo! ¿Dónde está la bolita? No hay que mirar la mesa, ni el cubilete, ni las manos, ni debajo de las uñas. ¡No hay que mirar! Sólo hay que apostar muy fuerte, muy alto, casi tocando al satélite que dirige todos los Gepeeses del mundo. ¡Y aún hay más! ¡Hay que ser niño de espíritu y a conciencia sin conciencia! ¡Contradictorio! Hay que elevar las expectativas de los otros hasta la cima de su anhelo para, a continuación... ¡precipicio: mostrar el espejo del vacío y el "nada detrás"! ¡Mostrar la vida misma en su absurdo!... ¡Venga! ¡Arriba! ¡Dame la garra! ¡A bailar! ¡Que caigan granizos de sudor como melones sobre la almohada! El juego es responder entre cadenas sin estar condenado. La noche es un viaje y la mañana un restregón contra la pared. ¡Quién sabe! ¡Quién sabe! ¿Y si esto al fin y al cabo no termina nunca? Si eso es así te invito a un paseo por una banda de Moebius y te convido a beber en una botella de Klein. ¡Ay, amigos míos! El banquete del plantón aún no ha comenzado, nos lo tienen reservado para el día del juicio final.

9.6.10

Cuando uno se convierte en cúmulo y le deciden morir

Si miras al pasado, si te fijas en los futuros perdidos y en los talentos marchitados y estériles; si te fijas en los que brillaban y, de tanto brillar, se han convertido en galaxias; si viajas de web en web y descubres que un día te codeaste con el mismísimo Dios y con algunos de sus ángeles; si tu ínfima autoestima te eleva hasta el subsuelo; si te ves olvidado, relegado, masificado y vacuo como un cúmulo de grasa; si ya nada queda, nada pasa y todo pende del hilo del instante; si cualquier moneda de cambio te ha sido retirada y estás siendo crucificado día a día por ello; si tu mayor bajeza es haber estado tumbado en la tumba que has ido creando; si estás como sin estar, en el cruce de los últimos caminos, con la mirada perdida; si eres el residuo de la envidia y de la torpeza que se abortan a sí mismas; si las citas que te hacían crecer se han convertido en epitafios; si has crionizado tu sueño más alto para hacerlo reversible cuando vuelvan a sembrar tu cerebro; si el miedo te funde en el frío de la duda y el silencio llena el pantano de tu tristeza; si no encuentras el punto en el que hacer cenizas tu identidad con la certeza de que no volverás por los siglos de los siglos; si el estertor está próximo a eyacular conceptos espantosos y angustias de miríficos dolores; si nada puede ser ya sencillo ni olvidado en paz; si la engañosa cifra de tu vida personal e intransferible te ata pánicamente al sinsentido de tu muerte en vida; si en cada inspiración expiras una línea que no puede ser recogida ni labrada en ningún molde; si la eléctrica procesionaria de tus impulsos convulsiona en vómitos tus vísceras; si el reflejo de Dios o de los dioses proviene de la más honda oscuridad; si confías (sí, si confías) en que todos los cerebros un día se compactarán en una gran marmita que convertirá todos sus planos en un punto; si en cada esquina del laberinto hay un vaso de vino para regar la lípida desesperación que te aplasta a la tierra; si confiesas ante Dios Todopoderoso y ante tus hermanos que la neurociencia computacional ha ganado la partida y por ello te inmolas haciéndote reventar imaginariamente en los mayores almacenes del mundo; si te ha sobrevenido el propósito de no pensar; si has decidido dejar de decidir para que por ti decida lo indecidible; si eres susceptible de caer tal cual estás sobre el teclado y aguardar la asfixia de lo impepinable; si todas las sonrisas se van a disolver Dios sabe cuándo y dónde sin que te des cuenta de lo que ganas o pierdes; si los millones de palabras impertérritos o balbuceantes en tu córtex hacen de tus mitos meros majaderos manipuladores de sentencias sin sentido; si de tramo en tramo asciendes hasta el cénit y no puedes dejar de respirar pero dejarás de respirar... déjate morir como hasta ahora te has ido dejando.

3.6.10

La madeja no me deja.

La dependencia obsesiva lleva a la depresión.

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