La Selva de Próspero

Sapere aude!

13.7.10

Para algunos se supone que pasan cosas; concretamente, esas cosas que suelen pasar por televisión. No es un plato muy de verano tanto potaje de fútbol, crisis y huelgas. La digestión se hace pesada. No es posible estar todos los días de cumpleaños (suponiendo que un cumpleaños se haya de celebrar). Demasiado calor para tantas pelotas rodando.
Mucho calor, mucha tristeza, mucha agresividad. Cuando salgo a la calle enfoco al suelo y saco un par de fotos del suelo: aceras, asfalto, alcantarillas, arcenes. Quiero fotografiar el suelo, el suelo, el suelo. ¡Dios mío! ¿Cuándo podré pensar honestamente que no hay seres humanos a mi alrededor? ¿Hay que morir para ello? Aun estando al otro lado, no se está del otro lado hasta que no estás. Y hasta dejar de estar hay que estar de algún modo, pero ¿cómo? ¡Ni una alegría! Todo es un compromiso eterno y un hastío sin fondo. ¡Hasta la palabra admite su fracaso! Nuevamente ha crecido el desierto y los camellos han de atravesarlo con las jorobas llenas de "xetinas"(poned el prefijo que más os adapte al mundo). ¡La de veces que se ha pedido la muerte en esta Babilonia! Hay cosas que, cuando me las cuentan, no creo que me hayan sucedido; y sin embargo me enseñan documentos que atestiguan que pasaron. Yo fui al colegio, al instituto... conocí gente, fui persona... ¡Todos muertos! Muertos por mi rechazo, muertos por ser humanos... ¡Tan solo muertos! Nada se ha perpetuado, porque nada se puede perpetuar.
En este recuadrito está mi alma; y en él yo no pongo una "copita" que represente al mundo, sino la palabra que lo construya haciéndolo estallar. Me da miedo. Me da miedo esto. Los inhibidores dominan el mundo.

3.7.10

Retomo un blog del 30 de Abril de 2005.

El blog muestra tu vida, no la crea. Por ello, vive y tu blog crecerá. Sólo necesita de tus vivencias para florecer. El blog es la planta, tú la tierra.
Respira, por ti y por mí. Si tú respiras, yo respiro.
Cuando me meta en la bañera, a oscuras, y la Luna me ilumine en silencio... monta sobre mí. Los dos caballos de Fedro han chocado sus herraduras y están de acuerdo en que ésta sea nuestra noche.
¿Cuántos árboles se necesitan para un bosque? ¿Cuántos edificios para una ciudad? ¿Cuántas copas para una borrachera? ¿Cuántos olvidos para despreciar? ¿Cuántos recuerdos para dejar de sentir? ¿Cuántos fracasos para mendigar? ¿Cuántos cigarrillos para dejar de fumar? Pero sólo un beso en tus labios... sólo uno... sería suficiente para morir en paz. [Quasimodo o Richard Gere, a tu elección lo dejo]
Camisa, ¿dónde estás? Es sábado. Y, ¿dónde tú, oh tanga de leopardo? Sólo me queda una toalla playera con una foto trucada en la que Elvis y El Fary se besan. Y pensar que yo llegué a calzar los calcetines de Pegaso. ¿Y tú, Paul, dónde estás? Mi querido Paul Bette, ¿a dónde has ido? Se te echa tanto de menos en un sábado tan majete.
Busco olivo en buen estado y rama dorada confortable a la que besar amigablemente y a la que mostrar el cariño y el respeto que le profeso.
Por mi parte, me voy desnudando. El agua está en su punto. Me meteré en la olla. Estás invitada a este guiso de melancólico a la luz de la Luna. Me llevo a Donald, mi patito de goma. Tú serás mi Daisy.
¿Soy un patito feo o un cisne? Si cabalgas sobre mí, ni una cosa ni otra: seré un lipizano a merced de tus contracciones lunares.

Me gustan esos rayos. Yo era cinco años más joven. Ahora no sería capaz de escribir una obra maestra semejante. Las sustancias psicotrópicas que yo consumía eran mejores, yo no me había acostumbrado ni había generado tolerancia (¡bueno, en eso de la tolerancia, creo que aún no la he generado! Quiero decir, me cuesta ser tolerante con terroristas, defraudadores y pederastas... Pero dicen que nunca hay que decir que de este agua no se ha de beber o que Rouco Varela no es tu padre). Pero ahora todo es distinto. Es difícil innovar para ser aclamado. La gloria clásica hay que ganársela a pulso. Y para la gloria de ahora (cuyo estandarte es Tele 5) no estoy preparado. Reconozco que yo era brillante y tenía posibles. Ahora sólo tengo realidades bastante inmisericordes.

Pero, ¡basta! ¡El Don Simón! ¡El Don Simón! ¡Mi reino por un Don Simón aliñado de un par de aceitunas marca "Tranxilium 50"!


El camino a la excelencia

Este será un escrito lúgubre, casi macabro; es decir, lleno de sentido del amor.
Imaginad a la esposa con su marido: "Amor mío, eres el hombre más excelente que he conocido". Imaginad en consecuencia que el marido ha sido sometido a la verificación impuesta por los requisitos de la ISO 900x_2010 y a la evaluación según el EFQM para 500+ en materia de ser hombre. "Un hombre excelente"... ¿No suena bien? Un hombre acreditado en la excelencia estandarizada de ser hombre, homologado como excelente en la categoría de hombre. ¿No es ese el fin más digno, la visión más alta y la misión más imposible a la que puede caminar un hombre? ¡La excelencia! ¡La excelencia en el ser hombre! ¡La excelencia certificada y ganada a pulso! No es baladí. Y, sin embargo, ¡qué poco se prodiga esta práctica de caminar hacia la excelencia como hombres! ¡Y los requisitos están ahí! ¡En ese pedazo de ISO! Ahí está la política, los objetivos, los indicadores, el modo de gestionar las incidencias, los registros que se han de barajar (elegí bien el verbo, ¡barajar!) para poder afrontar esa auditoría para certificar la excelencia que haga decir a una mujer: "Amor mío, eres el hombre más excelente que he conocido".
Yo he sido también un hombre excelente. Soy el único acreditado como "Underground's Master of Excellence". El otro hombre excelente es el Master of Puppets. Entre los dos dominamos las alcantarillas y las gestionamos de modo excelente.
Mientras, allá arriba, en la tercera planta del edificio Dante, en la sala Beatriz los excelentes del concepto manejan el mismo lenguaje que nosotros, pero diseccionándolo a cada momento. Son los académicos olímpicos, los que visten Dolce & Gabanna o Tommy Hilfiger sobre sus pelotas para pronunciar un discurso sobre el sintagma nominal paradigmático dentro de la fonología paremática de los marcadores de posición reflexiva. La tela de marca propicia el brotar seminal de los conceptos. Es cuestión de saber embaucar excelentemente.
Pero me detengo aquí. Hay un vino de Don Simón que me espera en la taberna y que, según los doctores, no agravará la diabetes ni la cirrosis. Yo me muevo en la excelencia del bajo precio, del bajo coste, de la gran inversión en despropósitos. Yo también barajo las palabras. Pero necesito un vino bien malo.
El bueno vino está en otra parte, en otro lugar que tiene blindadas sus puertas a los extranjeros, en otra comunidad. Pero esa es otra historia... ¡Una historia excelente, por cierto!

1.7.10

Las bocanadas del moribundo.

¡Qué vida tan perdida! Y sin embargo, quien mejor pudiera aprovecharla, a lo más a lo que podría aspirar es a morir consciente de su recorrido; es decir, a un punto en el tiempo en el que condensar que ha sido algo para a continuación despedirse de ello. Y esto sirve para todos.
A partir de hoy viviré realmente cada día como el último. Es posible incluso que no sólo lo viva como el último, sino que lo muera.
La vida me ha tratado mal pero, sin ninguna duda y con la más absoluta de las certezas, podría tratarme mucho peor. Y si me tratase mucho peor, habría muchas más esperanzas y consuelos que ahora.
Hacedme el favor de morir en paz y, si no podéis, bastaría con morir.

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