11.8.10

Lagunas de gloria perdidas en la memoria, así lloramos. Si nos dan a elegir, nos quedamos con nosotros. Nada es más tortuoso que el "nada más" que todo lo eleva hacia los cielos. Descendemos, como nunca y hasta siempre. La verborrea es sólo un riachuelo de la alta palabrería con que congregan a los corderos. Bastarían un par de vocales para crucificar como es debido. Yo he visto todas las palabras ahorcadas por cuerdas de guitarra en los olivos del monte de las marmotas. ¿Imaginas el poder de convocatoria que tiene una marmota? Sobre todo herida de muerte y ante sus crías ya extinguidas. ¡Sí! Colgando de cuerdas de guitarra estaban todos los caballeros del mundo ante el gran teatro de mis ojos. Y nadie podría negar que he escuchado cosas divinas ante el vino y horribles en el vino. Pero todo acababa en aguas bautismales para acabar reconociendo el pecado original de no tener raíces. Las raíces de mis dientes están mezcladas con las raíces de los arbustos más putrefactos que humean sobre los áticos. ¿Oyes las campanas? Están en silencio. Son susurros, son siseos, son hormigas en el suelo de mi piso plano. Los látigos se confunden con las serpientes, las serpientes se confunden con las elásticas gomas de los panties malolientes que graznan por un piso. ¡Sí, un piso plano como la llanura de un cerebro ahumado por el viento de agosto! El mundo entero estalla ante mis ojos. Yo quisiera ser dadivoso y practicar el lema aquel: El vulgo es necio, y pues lo paga, es justo hablarle en necio para darle gusto. Pero me faltan ojos de televisor y opto por la ceguera borgiana. ¡Ah, me pierdo, sí, me pierdo como una puta que falta a su trabajo! Pero sé reptar y colgar a los demás con cuerdas de guitarra. He llegado a estar en el mismo ascensor con Patrick Bateman y con la madre de Norman Bates; si yo no hubiese llevado la motosierra en el bolso, nos hubiésemos hecho amigos. Pero soy un clásico, que es tanto como decir que me va más Anthony Hopkins aplicando modales al arte de perpetrar locuras. ¡Sí, me pierdo como Céline en sus castillos! Esto es sólo un delirio más que huele a rosas regadas con Dixán.

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