Me puede el silencio, porque se ha convertido en asco. Antes podía engendrar en silencio, pero ahora no, ahora hay que digerir las balas del egoísmo y del desprecio con las que nos han disparado. Pero si logro salir ileso o medianamente sano como para poder contarlo, que no dude el mundo que en este punto de la selva, llamado "el calvero de los pactos", juro no volver a pisar las sendas familiares. El camino de la vida está en las sendas perdidas.
La Selva de Próspero
Sapere aude!

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