La Selva de Próspero

Sapere aude!

11.9.10

1- Cuando todos le dejan a uno solo cuando más necesita estar acompañado hay que preguntarse la razón. Es probable, ¡muy probable!, que no esté en los otros, sino en nuestra forma de ser la razón de esa soledad. Siempre he idolatrado a Nietzsche -si se levantara de su tumba me mataría por decir esto y me escupiría a la cara- y he admirado su soledad. Al menos él supo asumirla y se llevó a Dios por delante (y con él al repugnante Cristianismo). Yo hoy, el día de la noche en blanco no estoy solo, soy un solitario y la soledad es mi esencia. Cuando hablo de soledad hablo de ausencia de humanos que me sean afines, lo cual, nietzscheanamente hablando es tanto como ausencia de enfermedad. ¡Pero cuesta tanto estar sano! Sobre todo si no te sientes baldosa del camino hacia el superhombre. El caso es que me han dejado solo como a un fuera de la ley y yo tengo la culpa. "Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa..." (así reza el "Yo confieso" del pueblo envenenado). Sé que si lanzase la red se llenaría mi tripa de pescado; pero aborrezco el pescado -sobre todo cuando se asemeja al cordero-.
2- ¡Feliz noche en blanco! Se la deseo a todos aquéllos que se sientan libres. Yo saldré esta noche y volveré a mi casa en taxi reptando. Gastaré mis últimos dólares y vaciaré mis euros entre la masa. Ella todo lo camufla. ¡La masa! Y sé que los solitarios tenemos a nuestro "yo" en las alturas, velando armas, ese "yo" que detesta los podridos hijos del mundo que conocemos. Hasta ahora un hijo no ha sido más que una máquina para imitar las payasadas de los padres que se creen niños o las locuras de los padres que se creen hombres. Cada hijo ha sido el embutido puesto a curar por el frío de una sociedad que ya está desapareciendo. Pero algo ha de justificar el aburrimiento de quienes, cansados de crear, optan por perpetuar lo horrible. Creo que era en el Hipias donde Sócrates se horrorizaba de considerar una cosa bella el enterrar dignamente a los padres, al hablar de la esencia de la belleza. Y, ciertamente, es como para horrorizarse. ¿Acaso los buitres y los coyotes no son dignos de saciar su hambre y su sed? Enterrar dignamente al enemigo no es bello, es -como la compasión- un oprobio para la altura. Cuando Aquiles se ablandó dejó que a Héctor lo pasaran por el túmulo de la madera, aunque previamente el héroe lo pasó por el tálamo de la tierra y de la arena.
3- Feliz noche en blanco. Dejad que reluzca el blanco de la Luna y hundid vuestro negro semen bajo las raíces de las zarzas que pueblan el Retiro. Yo me retiro un tiempo con Rimbaud y me preparo para un renovado otoño que bien pudiera no llegar. Pensaré en el águila negra de Barbara o en la tristeza de Alexiou o en las rapaces que sobrevuelan sobre mi cama con forma de roedor para arrebatarme lo que no tengo. Soñaré con precipios, con nervios destartalados, con apotegmas extraídos de alguna de esas ediciones baratas que venden en los lugares de paso. Es posible que segundos antes de dormir las piedras se conviertan en oro y Maquiavelo me enseñe una erección. Todo es posible con Titanlux.
4- Pienso (o me pincha) un pensamiento al recordar aquel anuncio de un perfume en el que se decía que en las distancias cortas un hombre se la juega. Yo me pregunto a qué distancia a un hombre se la juegan. Sería difícil precisar: 270 ó 236 km. según se elija el recorrido por vías rápidas o no. Pero es una cifra meramente aleatoria, imaginada, escupida al azar como un lapo de adolescente. También podía haber escrito 297... Da igual... La distancia, el espacio, es una forma a priori de la sensibilidad; así que depende de lo sensible que te sientas (¡disculpa, Kant, disculpa!).
5- De verdad, si tenéis eso del Spotify y el Replay Music no dejéis de escuchar a Haris Alexiou. De verdad. Id pinchando, viendo, catando... Ésta sí, ésta no, esta es soberbia, ésta para pasear; ésta para besar, ésta para llorar, ésta para morir, ésta para el placer solitario; ésta para un 69 sport, ésta para creer que la fe es cosa de esperar y no de amar, ésta para concentrarme, ésta para descentrarme... Encontraréis canciones para todo, ¡os saciaréis! Ese es el gran problema: ante tantos pasteles acabas con el estómago sucio. Sed selectivos como el diablo es selectivo. No penséis en el papeo o en las reclamaciones de la colita, por favor. Si acaso, un retsina o dos, si os encontráis bien podéis llegar a tres o cuatro; eso sí, a lo sumo dos botellas, no más. Y, por supuesto, con la compañía adecuada. Jamás bebáis retsina sin la compañía adecuada. Y si lo bebéis con vosotros mismos, llevaos bien. Al fin y al cabo si no te llevas bien contigo mismo, ¿con quién te vas a llevar bien? ¿Quién te puede querer mejor llegado el momento? ¡Tú, amigo, sólo tú! Así como nadie te puede odiar y desear la muerte más que tus padres (antropológicamente demostrado), nadie te puede querer más que tú mismo y, en ocasiones, tus abuelos (antropológicamente demostrado esto último también -ya lo he dicho en alguna ocasión-, al menos por Marvin Harris). Si queréis acompañar canción y vino con algo más, podéis usar un cuchillo (como el que citaba Wilde en la balada de la cárcel de Reading para matar el amor). No creo que os aburráis. Pero, si no, fuera vino y canciones y cuchillos: ¡a la calle! Cientos, miles de guedejas sobrevolarán el cielo de Madrid. Además, los museos -dicen- estarán abiertos toda la noche. Si ignoráis qué sea esto último buscad en http://www.rae.es/ el término "museo". Pero si recordáis las ilusiones que teníais hace tiempo, ya habéis visitado un museo.
6- Mirad a vuestra espalda cuando el miedo os sorprenda en esta noche; de ese modo caeréis seguro.
Sed felices, puede que tardemos en encontrarnos.

10.9.10


8.9.10

Me siento engañado, por un lado; estoy aburrido, por otro... La misma historia harta. Los mejores momentos son aquellos en que se afronta todo, serenamente y con argumentos, en un segundo de decisión. Entiendo el argumento de que los demás sí y yo no. Mi proceder, tranquilo y sereno, deduce de esa verdad. Sobran las palabras.

Cuando éramos más jóvenes...
[Queridos alumnos, este es el tema de redacción. No vamos a hablar de lo que hemos hecho durante las vacaciones. Vamos a hablar, en unas pocas líneas, ¡tampoco es cuestión de extenderse!, de ese asunto. Ya sabéis, lo que se os ocurra, lo que penséis, ¡absoluta creatividad! La cuestión es expresarse. ¡Expresad! Me interesa saber cómo os expresáis así como lo que expresáis. Así me haré una idea de vuestro nivel. ¿Vale? ¡Pues venga! Tenéis media hora.]
Yo no puedo escribir por los demás. Mi juventud fue "mi" juventud y no puedo afirmar con un grado aceptable de certeza cómo fue la de los otros. Rebato humildemente el título de la tarea y hablo de cuando yo era más joven, no de cuando nosotros éramos más jóvenes. Quizás después de que todos hayamos leído nuestras composiciones podamos hacernos una vaga idea de cuando éramos más jóvenes.
Comenzaré diciendo que cuando yo era más joven existía Dios y se pretendía demostrarlo. En aquel tiempo de la juventud percibía a mi alrededor cierta nobleza de espíritu. El mundo era de carne y hueso, no existían corazones de plástico, cada persona era un mundo y las flores hacían que yo me parara. Hace ya muchos años el tiempo era dorado y solía haber un padre y una madre en cada casa. Cuando era joven un disco me duraba toda una vida y cada una de sus canciones caía bajo el escalpelo de mi corazón. Recuerdo que por aquella época los cactus pinchaban. Por cierto, la gente pasaba mucha hambre y una sandía para mí era un bocado extraordinario y caro para quienes me lo proporcionaban. En mi juventud el calor era el calor del verano y el frío era el frío del invierno, las estaciones no competían ni se imitaban las unas a las otras: los ventiladores aliviaban el infierno y las estufas daban calor de hogar.
Hay algo que considero importante: los que convivían conmigo cuando era joven pensaban que algún día iban a morir y ajustaban su vida a esta idea. Los libros eran de papel y se leían con el tacto de los ojos. Cuando alguna vez viajaba es porque algún familiar había sido llamado por Dios para descansar. La risa era blanca. La justicia era azul. La soledad era pecado. Si el pan caía al suelo había que besarlo, porque se pensaba que era un don exquisito.
Siendo yo joven lo viejo era clásico y antiguo y se respetaba. Había guerras en las que se combatía cara a cara, en las que uno tenía que ver los ojos del otro antes de matarlo. Recuerdo también que había pocos tipos de pan y de perfume; creo que en algunos sitios el único perfume era el del pan. Aunque todo parecía lo mismo en aquella época, ciertas esperanzas hacían que fuese distinto.
En fin, estas son unas pocas cosas que recuerdo de cuando yo era joven y que sucedieron hace muchos años. Ya no existen. Quizás redacciones como esta ayuden a recordar cosas que existieron y que han quedado atrás para todo el mundo.

7.9.10

Las cosas son sencillas, pero hay que aceptar la provisionalidad de todo. Nadie es funcionario de la vida. Las leyes de la naturaleza hasta ahora lo han impedido. Entonces, si lo que cuenta es el presente, las cosas cercanas y, a lo sumo, un medio plazo coherente con el día a día; ¿por qué decepcionarse? Ahora, a las cuatro de la tarde pasadas, la vida es un billete de tren, volver con quien quieres y descansar del miedo a lo que no ha sucedido.
Miro esta pantalla, toco con el pulgar de mi mano derecha la palma de mi mano izquierda, no pienso en nada... Sé que todos hacemos tonterías y es imposible mantener un estado más o menos constante ante las cosas. Si he cometido un error, creo que ha sido el de pensar en los últimos tiempos que se puede reiniciar a cada instante la vida. No sé.
A veces duele la cabeza... La tarde es silenciosa... Es la hora de nuestra siesta -uno al lado del otro sin importar nada-... La llamada que podría desencadenar la desconocida secuencia del dolor puede tener lugar o no. No merece la pena vaciar el alma en ese temor... Duermes a mi lado, estamos tranquilos: no necesitamos nada más.

Dance Of The Darkness

He visto a Félix El Gato desenfundar sus chistes y estampar una mueca de alegría en los vecinos de un pueblo. Le he visto acompañado de La Vaca Multicolor para pacificar los demonios sin raíces ni barro donde descansar.
He oído que la paz es verde y que nuestros días de escuela tienen la gran dignidad de ser olvidados o recordados para morir antes que retornar. Mientras oía esto, Julio Castejón se convertía en un Zaratustra provinciano. Y después, sin solución de continuidad, escuché a Fortu ladrar a la Luna bajo el desierto de la noche. Cuando las voces se disolvían en la bruma vi a mi demonio difuminado entre gatos y viento. Y una voz me decía: "No te emociones".
He sentido cómo en el cielo tocaban las palmas mientras Los Chunguitos cantaban... y la noche era un desierto triste y hermoso porque extraños dioses lo poblaban -y los dioses, risueños y juguetones, se llamaban a sí mismos "enanos"; pero su fuerza era la de una población de toros tan grande como la de las estrellas- y su extrañeza era la de poder ser libres. Y de nuevo los gatos y el viento y dos ojos que me decían: "El roedor proseguirá su obra".
He sido fuente de sangre y de dolor y he sudado licores de dudosa ebriedad mientras recordaba que la más prodigiosa de mis décadas no está en la memoria. He percibido el mensaje de los fantasmas, un mensaje líbido y puritano, en la mente de quienes pertenecen a la tierra -yo soy lunar y loco-. He lamido también este pensamiento entre gatos y viento.
Durante fulgurantes noches de alcohol sin ebriedad y de tedio sin amnistía he vuelto a ver la soga sobre los raíles del miedo y de la nada. Todo era un soplido de maullidos en el exilio.
He sonreído varias veces a la muerte bajo "No Mans Land" y la serenidad ha hecho brotar una flor que poder lanzar al mar.
He escuchado una nana bajo la Luna que mecía mis miedos para convertirlos en vuelo. He girado, he bebido la sal y he sido rebautizado en viejas armonías bajo el mar. A veces he sabido escuchar la ausencia de sonido sin llamarla por ello "silencio".
He conocido al oscuro vagabundo en la taberna de un pueblo blanco. ¿Sabéis? ¡Bebimos hasta olvidar que hemos de seguir viviendo sin sufrir por ello! La cerveza del viejo castillo regó la noche con flores de almendro y el sudor se convirtió en rocío. "Amanecer" es un verbo futuro.
He soñado con refugios vacíos y he tenido miedo; me han vencido las pesadillas en medio del retorno; he despertado en un cruce de caminos puesto en fuga por la espuela de la esperanza. He llorado saliva mientras guardaba la llama en mis entrañas. Creo que aprendí a reptar y a odiar a la vez (traiciones del subinconsciente).
He aprendido la distinción entre romper cadenas y romper una condena; pero ninguna ruptura te hace libre -sólo se es libre en la condena de las cadenas-. Mientras aprendía esto una ciudad emergió de las aguas y escuché al viejo vagabundo con su guitarra al hombro. Le seguían Félix El Gato, Asfalto, Obús, Los Chunguitos, La Década Prodigiosa y un bullicioso y jubiloso Hamelín acompañando su melodía.
De fondo, -¿lo oís?-, el bajo continuo de la noche conserva la serenidad y el sueño es posible. Sólo es cuestión de saber dormir y despertar acompañado.
Y ahora, a estas horas de la madrugada, dirijámonos hacia el cielo del otoño. ¡Salud, Mr. Blackmore! Thanks for your new work!

4.9.10

El plomo puede gravitar.

Nada importa. El mundo -ya lo sabes- es de los otros mientras vivas en un mundo de "vivos". Llega un momento en que el juego -ignoro cuál- te juega y tú no decides. A mí no me importa ganar ni perder -son términos humanos, demasiado humanos-. Sé que nadie me va a comprender y esto debe terminar. Los desahuciados carecen de voz y de voto. Realmente no hay desierto ni selva que recoja palabras de otros. Pero te digo a ti -sin nombre, sin ubicación, sin recuerdo- que me recomiendes un buen abogado -y gratis-. ¿Sabes por qué? Porque quiero morir en paz y me desean la guerra más allá de la muerte. No quiero riquezas ni razones; sólo un juicio. Justo o injusto, sólo quiero un juicio; pero no puedo pagar los costes o ignoro si es posible esto. A ti, al que construye sobre luces y tinieblas: me han engañado con vileza. Detesto la vileza. Acato las decisiones de un juez: en asuntos de este mundo es el mundo quien decide, no mi mente ni mis juicios. Pido de ti que me entiendas desde la ebriedad -quizás mañana, sobrio, demande la misma plegaria-. Expondré reptiles dialécticos, dinosaurios de cultura, artificios inhumanos; pero, créeme, tengo miedo, mi dignidad tiene miedo de esa confabulación que tachan de locura y que sólo es real -dicen- para los que hacen procesión con el maestro Hölderlin. Mis piernas pisan con martillos, mi mente vuela con alas de luz; mi corazón quisiera ser lo que no puede ser: acero. ¿Cómo podría exponerte mi plegaria? ¿Hay algo injusto para ti? ¿Hay algo que te haría renunciar a la vida si vieses que transgrede lo más elemental, aquello sin lo cual la vida no puede mantenerse ni desarrollarse? Si afirmas, soy tu vasallo. Esta tarde noche mi corazón es de metal; pero aunque fuera de barro me rendiría al dolor y a la ignominia. Si alguna vez fui profeta, si alguna vez insinué un horizonte, si en alguna ocasión pinté un retrato de niño con colores oscuros... ¡ayúdame! Pretendí ser binario donde lo único no puede echar raíces.

3.9.10

Los chinos lo tienen todo, incluso cuadernos. (Esto son extractos de celulosa con vómitos esparcidos en un cuaderno chino).

Si Próspero es otro yo que necesita mostrar lo que muchos ojos no ven, es este un buen momento para que ese "fantasma" se manifieste. Y lo hace con intempestivas cáusticas como una esofagitis de libro, pero también con la serenidad de los que no existen. Os pido, entes sin entidad, que imaginéis un laberinto sin sentido y que naufraguéis.

1. In vino veritas. Cuando las cosas fallan ya sabéis dónde acudir. Incluso quien más te pueda querer te remitirá a ese lugar para que descubras la verdad de todas las mentiras. Recordad también: quien más os quiera, os hará llorar con su bilis (y tú llorarás mientras en tus oídos zumba una población de risas y murmullos). El vino no es tinto ni blanco, la verdad carece de color, el vino es sólo un punto, un "puntito", "tener el punto" desde el cual expulsar la inhibición y tener la serenidad para disparar sin promesas ni compromisos.

2. El paso de los días. Un paso de semana santa, ¿es un paso de tu día a día? ¿Son cosas diferentes? Entonces la semana santa es una mentira que huele a montuno.

3. El centro de la selva huele a pasteles. Los aromas incitan al estómago. Uno devoraría las cremas de baño y las pastillas de jabón (no los cuerpos, los cuerpos -estilizados o no- asquean sin la salsa del más depravado morbo). Pero es agradable subir al suburbano y rozarse con mujeres de vainilla y canela, sentarse al lado de un Ribera de Duero con olor a sándalo y a almeja; o pedir permiso para salir en la estación a una sirena con olores de Provenza e Infierno regados con rosas del Missouri y helechos de la Selva Negra. ¡Que infinidad de olores se ha puesto de moda! Delicatessen para las napias. Pero cuando entras en un bar y bajas al baño (o subes, depende del sentido), entonces todo olfato no es más que un hocico.


4. Da lo mismo. El día puede pasar lento o deprisa, ¡es igual! La necesidad la marca quién sabe quién... o quién sabe qué. Eso de las estrellas que brillan alrededor haciendo todo bonito y misterioso está bien para la lana; pero no viste la desnudez de los cielos que se llevan dentro. Sólo hay tristeza y soledad que no pueden objetar nada. Tú te vas, yo me voy y en paz. Aunque la Luna está ahí. Y sé que bajo la glauca bañera se podría respirar mejor. ¿Acaso no da todo igual? Cuando haya fuego en la medianoche lo sabremos.






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