8.9.10

Cuando éramos más jóvenes...
[Queridos alumnos, este es el tema de redacción. No vamos a hablar de lo que hemos hecho durante las vacaciones. Vamos a hablar, en unas pocas líneas, ¡tampoco es cuestión de extenderse!, de ese asunto. Ya sabéis, lo que se os ocurra, lo que penséis, ¡absoluta creatividad! La cuestión es expresarse. ¡Expresad! Me interesa saber cómo os expresáis así como lo que expresáis. Así me haré una idea de vuestro nivel. ¿Vale? ¡Pues venga! Tenéis media hora.]
Yo no puedo escribir por los demás. Mi juventud fue "mi" juventud y no puedo afirmar con un grado aceptable de certeza cómo fue la de los otros. Rebato humildemente el título de la tarea y hablo de cuando yo era más joven, no de cuando nosotros éramos más jóvenes. Quizás después de que todos hayamos leído nuestras composiciones podamos hacernos una vaga idea de cuando éramos más jóvenes.
Comenzaré diciendo que cuando yo era más joven existía Dios y se pretendía demostrarlo. En aquel tiempo de la juventud percibía a mi alrededor cierta nobleza de espíritu. El mundo era de carne y hueso, no existían corazones de plástico, cada persona era un mundo y las flores hacían que yo me parara. Hace ya muchos años el tiempo era dorado y solía haber un padre y una madre en cada casa. Cuando era joven un disco me duraba toda una vida y cada una de sus canciones caía bajo el escalpelo de mi corazón. Recuerdo que por aquella época los cactus pinchaban. Por cierto, la gente pasaba mucha hambre y una sandía para mí era un bocado extraordinario y caro para quienes me lo proporcionaban. En mi juventud el calor era el calor del verano y el frío era el frío del invierno, las estaciones no competían ni se imitaban las unas a las otras: los ventiladores aliviaban el infierno y las estufas daban calor de hogar.
Hay algo que considero importante: los que convivían conmigo cuando era joven pensaban que algún día iban a morir y ajustaban su vida a esta idea. Los libros eran de papel y se leían con el tacto de los ojos. Cuando alguna vez viajaba es porque algún familiar había sido llamado por Dios para descansar. La risa era blanca. La justicia era azul. La soledad era pecado. Si el pan caía al suelo había que besarlo, porque se pensaba que era un don exquisito.
Siendo yo joven lo viejo era clásico y antiguo y se respetaba. Había guerras en las que se combatía cara a cara, en las que uno tenía que ver los ojos del otro antes de matarlo. Recuerdo también que había pocos tipos de pan y de perfume; creo que en algunos sitios el único perfume era el del pan. Aunque todo parecía lo mismo en aquella época, ciertas esperanzas hacían que fuese distinto.
En fin, estas son unas pocas cosas que recuerdo de cuando yo era joven y que sucedieron hace muchos años. Ya no existen. Quizás redacciones como esta ayuden a recordar cosas que existieron y que han quedado atrás para todo el mundo.

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