Los chinos lo tienen todo, incluso cuadernos. (Esto son extractos de celulosa con vómitos esparcidos en un cuaderno chino).
Si Próspero es otro yo que necesita mostrar lo que muchos ojos no ven, es este un buen momento para que ese "fantasma" se manifieste. Y lo hace con intempestivas cáusticas como una esofagitis de libro, pero también con la serenidad de los que no existen. Os pido, entes sin entidad, que imaginéis un laberinto sin sentido y que naufraguéis.
1. In vino veritas. Cuando las cosas fallan ya sabéis dónde acudir. Incluso quien más te pueda querer te remitirá a ese lugar para que descubras la verdad de todas las mentiras. Recordad también: quien más os quiera, os hará llorar con su bilis (y tú llorarás mientras en tus oídos zumba una población de risas y murmullos). El vino no es tinto ni blanco, la verdad carece de color, el vino es sólo un punto, un "puntito", "tener el punto" desde el cual expulsar la inhibición y tener la serenidad para disparar sin promesas ni compromisos.
2. El paso de los días. Un paso de semana santa, ¿es un paso de tu día a día? ¿Son cosas diferentes? Entonces la semana santa es una mentira que huele a montuno.
3. El centro de la selva huele a pasteles. Los aromas incitan al estómago. Uno devoraría las cremas de baño y las pastillas de jabón (no los cuerpos, los cuerpos -estilizados o no- asquean sin la salsa del más depravado morbo). Pero es agradable subir al suburbano y rozarse con mujeres de vainilla y canela, sentarse al lado de un Ribera de Duero con olor a sándalo y a almeja; o pedir permiso para salir en la estación a una sirena con olores de Provenza e Infierno regados con rosas del Missouri y helechos de la Selva Negra. ¡Que infinidad de olores se ha puesto de moda! Delicatessen para las napias. Pero cuando entras en un bar y bajas al baño (o subes, depende del sentido), entonces todo olfato no es más que un hocico.
4. Da lo mismo. El día puede pasar lento o deprisa, ¡es igual! La necesidad la marca quién sabe quién... o quién sabe qué. Eso de las estrellas que brillan alrededor haciendo todo bonito y misterioso está bien para la lana; pero no viste la desnudez de los cielos que se llevan dentro. Sólo hay tristeza y soledad que no pueden objetar nada. Tú te vas, yo me voy y en paz. Aunque la Luna está ahí. Y sé que bajo la glauca bañera se podría respirar mejor. ¿Acaso no da todo igual? Cuando haya fuego en la medianoche lo sabremos.

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