¡Sí, hermano! ¡Sí, hermana! Hace frío, niebla bajo el cráneo y prometo mi dolor. Cosas de casa que tirar a la basura: eso es lo vivido entre las bestias. ¡Qué voracidad vestida de elegancia y "sí señor"! Hay un planeta y una tierra y una única simpleza para los simples que embisten para morir y ver morir. "Da igual", dice el mono tocando la monada; "da igual", sonríe con los aristados pómulos amargados el simio asexuado; "da igual, virgencita, da igual", corean los aleluyas pardos y sin futuro. Y todo es desierto y ausencia de predicación... Los libros son como ajos, cruces y rayos de luz para quienes cojean sobre aceras decoradas. Lo que no asombra aburre y lo clásico harta. Cambio de tercio. Mirad los sms que envían los cuadrúpedos a las cadenas que les condenan, mirad esas letritas. ¿Quién no sería devoto de "El Anticristo" del viejo maestro? Ese último folio, el que estaba adherido a la tapa, era el juicio final. ¿Qué coño predican algunos sobre la venida de ese día? Tuvo lugar cuando se anatemizó a los negros cisnes de cuello blanco en ese folio. Mientras, balidos y balidos y balidos. ¡Y ni un balazo, sólo sacrificio y sacrificio! La sangre gira y me silba. ¡De locos! Si hasta Santiago Sierra, la heterodoxia en sí, se ha hecho wagneriano y adicto al púlpito (pero hace culto y, sobre todo, no huele a oveja ni a campo de santidad). Cambio de tercio y que vivan los toros para que mueran los toreros. Padezco una soberana "adictofilia" al subsuelo, soberana como un luto sin duelo y viceversa. ¡Asco! ¿Por qué no te callas? Ding, dong.
La Selva de Próspero
Sapere aude!

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