Si nadie se ha rebelado, si no han rodado cabezas y si esperamos así, sin revoluciones; ¿de qué nos quejamos? Sí, tenéis derecho a quejaros; el derecho a la queja es el derecho de los miserables. Pero el derecho de usar las banderas y la sangre para una revolución que traiga dignidad, no, no lo tenéis. Demasiada lana en vuestros jerseys y debajo de ellos para tal derecho.
La Selva de Próspero
Sapere aude!

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