La Selva de Próspero

Sapere aude!

20.12.10

¿Qué libros te llevarías al infierno del que no vas a volver? Nota: tened en cuenta que hay censura en ese infierno y que, por tanto, han de ser pocos ya que los buscarán para torturarme y hay que esconderlos. Cualquier cosa vale en el infierno más que un libro, cualquier adorno, cualquier aroma, cualquier inmaculada pureza. Aunque se permiten libros, son los infernales libros que nacen de un podrido romancero de "ayayays". Lo dicho: ¿Qué libros te llevarías al infierno del que no vas a volver? Dime tres, no más de tres ni menos de tres. Prometo responder si los leí o no. Los más citados serán tenidos en cuenta y los compraré. Los esconderé en mi cerebro: el resto del espacio está controlado por los ángeles de la tiranía y del desprecio. Por último, suplicando, ¿qué libros te llevarías al infierno del que no vas a volver? Lo pregunto porque estoy harto de ser esclavo y hay una moral de señor que escupe contra los fulanos.

18.12.10

Cosas sueltas.

Comida de empresa: una oportunidad de ver las mismas jetas, el mismo absurdo, la farsa; todo aquello que el doctor Destouches pintó en sus obras. Risas, halagos, las bromas de siempre, las carcajadas de siempre. ¿Lo peor? No estar inundado de alcohol para no ser consciente de que la hez de la naturaleza sigue fertilizando sus campos: la hez del hombre.


Las compras: el belén, unas figuras de barro, como de barro son nuestras figuras; los alimentos, distintos, exóticos, para una celebración similar a la que desearíamos cuando nos incineren; los paseos por las luces de la ciudad, para terminar después en los sótanos flanqueados de vergas del metro.


Las tarjetas de Vanidad: "os deseo un blablablá y un próspero y feliz blablablá por los siglos de los siglos".


Los niños, muchos niños, siempre niños: engañados, torturados por la ilusión de los progenitores, gritando y chillando como un juguete al que pronto devolverán los padres al depósito de residuos de la escuela.


Los embutidos que hablan: nunca me abandonará esta imagen de Céline. La guardé en mi cabeza desde muy joven y siempre me pareció un luminoso disparo en medio de la razón. Los embutidos parlantes, la infancia en progreso hacia la madurez en el asesinato de las emociones. Según comentan, se aprecia un ascenso de la producción de embutidos parlantes. Lo cual, bien mirado, dará trabajo a esos borrachos drogados vestidos de rojo y con barba blanca, por un lado; y a los que se creen reyes por una noche por el hecho de no haber utilizado preservativo una noche loca (dos o tres noches, si se trata de más embutidos).


Escribo todo esto con dos guantes de látex.


Hay más, muchos más personajes: Kitty, Mickey, Goofy, "Nadayó"... un montón de inmigrantes que se enfundan los disfraces de la fantasía más baja para poder comer algo estos días y para poder llevar algo a casa -siempre que el cejudo Satán no saque un decreto desde su gótico e inmundo palacio para empeorar las cosas-.


¡Y Cortylandia! El Opus, el dólar y la lascivia de los "siempregano" cantando el grimorio de Belcebú: "Cortylandia, Cortylandia, vamos todos a comprar. El que no compre en estas fiestas, morirá en Vanidad. Cortylandia, Cortylandia..."


Y los belenes, cada cual con más figuras, miles de millones de figuras. Al parecer, cuando Dios nació, todos estaban allí. ¡La humanidad entera en Belén, si nos hacemos caso de las figuras! Pastores, panaderos, pescadores, agricultores; traficantes, borregos, cerdos, cagadores; hilanderas, angelitos negros (sin Machín), serpientes, patos, pollos; herreros, soldados, cuestores, muchos judíos. Ya se ha llegado a la excelencia entre los belenistas: algunos, puros artistas puros, ponen al fondo, muy al fondo, un monte con forma de calavera y tres cruces con palillos. ¡Eso es anticipación metafórica". Y, por supuesto, reyes, muchos reyes. ¡A cual más rico! Y el periodista de turno con la verga del micrófono contra los que visitan los puestos: "¿Y usted a qué rey prefiere? ¿Cuál es su favorito? Por favor, díganoslo, que le está viendo toda la Vía Láctea para España Directo". "Pues mi favorito es el póker de reyes, si me permite ganar la partida y después celebrarlo con esos pivones que pasan por la plaza. ¡Ay, Dios, qué pivones! ¿No me estará viendo mi mujer, verdad? Jié, jié, jié, jié".


¡Ay, Vanidad! ¡Cuántos vivos y qué pocos muertos!


Siempre nos quedará La Noria para imaginar que ahí, en esos estudios, Hiroshima podría renacer algún día en su esplendor. Sugerencia: funden un bar que se llame "Hiroshima Vanitas", cuya especialidad sea la comida norteamericana. Podrían publicitarlo con alusiones: "Acabe con su hambre como Norteamérica acabó con la segunda guerra mundial: demostrando que ella sí, sí, ella sí, ella sí podía hacer lo que el enanito no pudo y lo demostró y lo sigue demostrando y lo demostrará hasta el fin de los siglos. Aunque se necesite a Lady Gaga para ello".


Eran cosas sueltas.




Extraído de: "Partida hacia el infierno de la tiranía", Vol. I, de Eugenio Velanio Fulgis.








2.12.10

¿Por qué nació un niño?

Si os dijera cuál es mi dolor, no os asombraría. Vosotros sufrís también.



¡Mirad! Las calles están oscuras... y no es más que vuestra oscuridad lo que veis. Tú podrías arrojar soles por delante de ti, porque tienes la altura suficiente para regalarlos. Y tú no necesitas la voz ni el martillo de otros para ser tu voz y tu martillo. Y tú no necesitas afirmar ni negar, porque podrías quemar todas las jugadas del alfabeto en una sola tirada. Y tú no busques tanto, porque todo ha sido encontrado y está donde fue encontrado. Y tú... ¿Qué haces tú? Ese humo, esa luz de luna, esa abertura, esa escapada hacia dentro... ¿Qué haces tú? ¡No haces lo que eres! ¿De verdad eres tú? Si es así, si eres tú, ¡cuidado! Dicen que Dios está cerca.

1.12.10

Hace frío. Las palabras son hielo. ¿Recordáis? Las guerras no cesan. Todo se ha quemado. El necio tiene una heredad. Pesado. Lento. Secreto. Veo sangre en la pared de esta habitación. ¿Por qué hay siempre una escolopendra sobre el teclado? Ahí están: dos uñas venenosas sobre su cabeza. ¡Y esos ojos! Son sólo... dos ojos. Veneno, voces metálicas, oscuridad. Van a cerrar la tienda de la esquina. Ahí vende la negación todos sus frutos. Uñas, sueños, niños. Las arcadas de los muertos están flotando sobre cada tecla. Pesado. Lento. Invisible. Esta vez sin alcohol, sin la pastilla, a solas con lo que usted llama locura... ¡una locura clásica! Vendrá la muerte y no tendrá ojos, sino uñas en los ojos y uñas en vez de ojos. Cada dedo es una lengua, cada lengua un cordel atado a una vena, cada vena un filamento de sangre azul. La pared es sangre. ¡Ojos!

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