Hoy he vuelto a padecer los síntomas que padecí hace muchos años, allá por el 82... la depresión como Dios manda: triste, indiferente, humillante. Las cosas estaban por estar, el cerebro no tenía conciencia de sí y yo era ya un cadáver con electricidad pasiva. "¿Por qué hablo? ¿Por qué veo? ¿Por qué me muevo? ¿Estoy muerto?"... La vieja y horrible depresión. "Gracias" a esa depresión conocí al que sería mi "oráculo"... Hasta ese punto es esta depresión algo aciago y opresor para mí. Hay algo distinto respecto al momento aquel en que tuve el original padecimiento: otra ciudad, mayor soledad, total derrota. Aquí ya no hay orgullo ni valores ni esperanza: ni un amigo, ni un consuelo. Todo es indiferencia, ni siquiera enemistad. Las cosas de fuera y de dentro empujan a escribir gotas sin fuerza que ni siquiera son lágrimas. Yo estoy fuera, me han dejado fuera y no hay nada: ni dios, ni diablo, ni justicia. ¿Amigos? Palabras vacías. ¿Familiares? Jamás los hubo. ¿Enemigos? Insisto, ni siquiera eso: jetas malheridas por la indiferencia. Estoy en la tumba, al lado de un ataúd para libros, vacío y herido de nada. El paisaje de alrededor es el de un paraíso, el infierno interior un desolado páramo en el que los reptiles alientan a su antojo. Todo es un ataúd de madera oscura con cavidades que acogen la tuberculosis de la desidia y del tedio. Si este es el mejor de los mundos posibles, lo acepto. Pero también acepto que ya nada me dice nada... y mejor así... al menos desde este abatimiento, desde este olvido y desde este hundimiento el veneno de los demás cala más lentamente y uno puede descansar en esta oquedad. Para mí el descanso es dejar de sonreír por obligación, dejar de presentar un rostro amable por prudencia y por miedo, dejar de asentir a los convencionalismos que me laceran, dejar la asertividad y la comunicación eficaz por unos momentos para ser yo mismo... Quisiera que me dejaran tranquilo: sin el imperio del control, sin el bisturí macabro del imperativo categórico a cada instante. Si me está permitido morir en paz (sé bien que no), me gustaría ser yo mismo en los últimos instantes y no una prótesis muerta de lo que me rodea. Ya aquí, en este reino de sombras, estos segundos en que cesa la persecución a la que estoy sometido es cuando puedo encontrarme con Dios... Y Dios para mí es ese momento en que puedo manifestar que la nada es todo lo que uno puede encontrar; y repetir a cada segundo en esta ciénaga de depresión que nada es todo lo que uno puede encontrar es la oración más leal ante el divino vacío en el que me estoy perdiendo... ¿Sabéis algo muy doloroso? Morir en un entorno de belleza y os aseguro que este entorno es bello... Aquí, en este lugar, pudo estar todo... Y bien sabéis que el todo y la nada van de la mano desde siempre y mientras seamos. Por eso aquí late la nada entre la belleza de estas piedras, de estos árboles, de estas calles... de estas luces y estas sombras que pintan la oscuridad... El único instante de eternidad es ese en que salgo del lugar donde ahora trabajo y veo un monte: mi sonrisa y mi mirada se congelan como si ya no tuviese que volver a repetir el infierno cotidiano de la indiferencia y de las cosas diplomáticamente correctas. En este jueves de funeral ese instante es el que me hace llorar con la ternura y el dolor de lo que pudo ser y nunca será.
La Selva de Próspero
Sapere aude!
24.2.11
18.2.11
Necesito descansar de ti. Respiro cada vez que te siento lejos y resucito cada vez que no estás. Representas todo aquello que detesto y es lamentable que deba resignarme a esta muerte en vida. Pero nada termina por ahogar lo suficiente y nadie tiene todas las cartas en su mano ni conoce a la perfección cómo jugarlas. Tú también eres débil y algún día asomará esa debilidad y hará que dejes de atormentar al único perro que tienes. A tu lado todo es dolor, queja y amargura. La felicidad, que yo antes definía con cualidades positivas, ha acabado siendo algo muy sencillo: no pensar en ti, no imaginarte, no estar a tu lado, no soportarte. Sé que resistiré poco y que tarde o temprano algo sucederá; pero al menos queda la palabra. Incluso la representación de la muerte en las danzas macabras era más atractiva y alegre que tu carácter feo y siniestro. Alguien dijo que "el que se ocupa demasiado de hacer el bien, no tiene tiempo de ser bueno". Tú has hecho el bien a todos, pero has sido nefasta con tu perro. Y lo peor: le has inoculado la peor de las rabias.
Así pues, ¡guau!
Extraído de "Ladrido del perrito a la dama del cuadro", de Lázaro Segundo Marfil.
Extraído de "Ladrido del perrito a la dama del cuadro", de Lázaro Segundo Marfil.
16.2.11
Guiños y silbidos
Me gusta Céline. Admiro esa capacidad que tenía de jugar con los imbéciles, de hacer creer a los correveidiles que estaba jodido mientras, pluma y polla en ristre, lo ponía todo perdido con el orgasmo de la palabra.
15.2.11
Aquí hay un gasto superfluo en engendrar y en enterrar lo que se engendra. El cáncer es legión; todo es un solo cáncer y miles de orificios lo alimentan. Pero la vida es sencilla y natural: todos mueren y todos saben que van a morir, ¡no lo ocultan lo más mínimo! El cáncer estará en todos y cada uno de los cuerpos que componen la comunión de la carne. Todos participamos de la comunión del cáncer. Nadie escapa, nadie teme, nadie se oculta. Hombre, mujer o niño: todos tocan piel con piel la desproporcionada lengua de esa natural monstruosidad. El único enigma, si se lo puede llamar así, es dónde; porque el cuándo no alberga ninguna duda: abarca el breve aliento que va de la oscuridad de la vagina que nos escupió a la oscuridad final de la noche. Es desproporcionado propinar tantos empellones al útero para sacar de él un filamento ridículo que será sembrado de células hambrientas. Es bochornoso tanto afán por un puñado de ganglios que reproducen la muerte.
